Centauro descamisado

Centauro descamisado
Daniel Santoro

lunes, 19 de marzo de 2018

Notas sobre Maquiavelo, la política, el gobierno y el Estado en tiempos del crecimiento invisible.

José Queruza para https://mirada-critica.com/

Mauricio Macri, el Príncipe Posmoderno
En tiempos donde el discurso político se muestra liviano, superficial y digerible, paradójicamente, la divulgación filosófica, nunca estuvo tan extendida. Desde aquellos programas de José Pablo Feinmann y Darío Sztajnszrajber, en el canal Encuentro, pasando por la más reciente “Merlí”, una serie española de la plataforma Netflix, pensada en un principio para el público adolescente, pero que logró concitar cierto interés en personas de generaciones distintas, sumado a los libros de José Natanson o Duran Barba, dan como resultado un panorama del atractivo que tiene en algunos sectores la filosofía y el pensamiento político.
¿Por qué Macri? ¿Sigue existiendo la derecha y la izquierda? ¿Cómo es la política del siglo XXI? Estos son los temas que recorren los debates televisivos, le provocan insomnio a los intelectuales y llenan las páginas de los libros del variopinto escenario político, desde José Natanson a Duran Barba, solo por nombrar algunos de los autores que parecen ineludibles en estas horas, y que repasan en sus obras, viejos y nuevos preceptos a la hora de fundamentar, criticar o buscar argumentaciones y nuevas ideas que presenten posibles respuestas a los complejos escenarios políticos actuales.
Haciendo una lectura rápida y transversal de la obra uno de los padres fundadores de la Ciencia Política, Nicolás Maquiavelo (1469 - 1527), describe en “El príncipe”, la mejor forma de conquista, ejercicio y mantención del poder de un jefe de Estado con poder absoluto. En ese texto, publicado en Roma en 1531 póstumamente, el florentino realiza algo impensado para la época, o mejor dicho algo muy de época, como fue el Renacimiento italiano, que fue un verdadero florecimiento de las ciencias y las artes poniendo en el centro al Hombre. Pero que también tuvo grandes detractores, como el jesuita español Claudio Clemente, que acuño el término “maquiavélico” en su “El maquiavelismo degollado” publicado en 1636, o las persecuciones que le costará a Galileo, con quien Maquiavelo se sabe compartió largas conversaciones, la “abjuración” sobre sus teorías heliocéntricas.
A Maquiavelo lo obsesionaba la unidad y la independencia de Italia, que debía encolumnarse bajo el liderazgo de un caudillo que superara las divisiones internas y frenara las incursiones de enemigos externos. Asimismo, veía en el Vaticano y en la Iglesia Católica un freno para la unidad. Uno de los puntos centrales de su pensamiento político es la separación de la política de la moral. Al llegar a afirmar semejante idea, también ponía en discusión la autoridad del Papa romano en decidir en las guerras territoriales y la “razón divina” para justificar apoyos, a unos sobre otros, de la Iglesia y la siempre preocupante amenaza de excomunión.
Esos ecos del poder papal, aún gravitan en la escena política de occidente. Durán Barba y su Príncipe Posmoderno, Mauricio Macri, bien saben del poder simbólico que guarda el guardián de las llaves de San Pedro. No es nueva esa tensión entre un gobierno que necesita un Estado secular como tampoco cuando los gobiernos se vuelcan a posicionamientos más proclives a seguir los dogmas y mandatos clericales. En la Argentina casos no faltan, desde la presidencia de Julio A. Roca que cortara relaciones con el Vaticano, hasta Juan Perón, que fuera derrocado con el beneplácito de las cúpulas católicas locales.

Guerra contra el Papa

El Príncipe Posmoderno, siguiendo a Maquiavelo, o a Duran Barba, mejor dicho, “no está preso de sus palabras” ni de sus promesas de campaña. Así, Macri mantiene una guerra de baja intensidad con el Papa Francisco, que está totalmente alejada de arrepentimientos, pesares personales, o dogmas no compartidos. Alejado totalmente de sus promesas electorales, ha optado por un modelo completamente opuesto al que promueve el Papa, borrando con el codo aquella imagen que se figuraban aquellos que caceroleaban llenando las plazas contra el gobierno de Cristina y cortaron las rutas hace 10 años, aquel 2008, durante el conflicto con el campo por la Resolución N° 125, y que veían, hasta no hace mucho, en el pontífice, un aliado imprescindible.
Muchos de los que festejaron, hace cinco años atrás, la “fumata bianca” cuando Francisco fue elegido, hoy no lo pueden ni ver, y viceversa, muchos kirchneristas, que veían en Bergoglio un duro opositor, hoy no dejan de repartir estampitas entre los amigos.
Esta guerra contra el papado, ha llevado a Durán Barba a aprovechar el desconcierto para poner en agenda un tema tan sensible como es el aborto legal y gratuito, y con eso, evitar que Francisco le marque la cancha de la política nacional con sus amigos del sindicalismo y con los movimientos sociales. Hace algo así como, -si el Papa no me quiere, hago lo que sea para alejarlo más y hago lo que yo quiero- una constante en la vida del hijo del condottiero de la patria contratista.
Con la hegemonía total sobre los medios de comunicación y una cada vez más compleja situación económica, las campañas de agitación mediático sobre temas sensibles van rotando semana a semana: el arancelamiento universitario, el cobro de la educación y de los servicios a los inmigrantes, la justificación del gatillo fácil y la baja de imputabilidad para los menores que cometen delitos, el aborto, la legalización de la marihuana, etc, todas cortinas de humo que sumen al periodismo y a los comunicadores sociales en maratónicos y confusos debates inaplicables por carecer de rigor constitucional y poder parlamentario para llevar esos cambios adelante. Por otro lado, valga decir, que tampoco se encuentran dispuestos a que se establezcan debates serios, con consultas populares o plebiscitos para resolver temas tan preocupantes, que son banalizados, cayendo en la vorágine de una ensalada televisiva.
Durán Barba sabe que debe mantener unido y cohesionado su electorado sobre el discurso que lo llevó al triunfo en Octubre pasado. Pero el discurso que debe mantener no es el de la campaña. Él sabe que con este ruido mediático nadie escucha nada, el discurso que le interesa es el de los votantes, lo que dicen sus votantes, y por eso este fin de semana ya largó Cambiemos la temporada de “timbreo”. De ahí, obtienen los datos que filtrados y triturados por la consultora de Duran Barba alimentaran luego los spots televisivos, la cartelería en las rutas y las puestas en escenas en los medios.
Si los consultados, entre mates, sonrisas y selfis, querían “seguridad”, la devolución de los técnicos y sociólogos de Cambiemos, le va a agregar impunidad a las fuerzas de seguridad para matar. Si al electorado le cae mal Baradel y otros jefes sindicales, los va a desprestigiar públicamente en los medios y hacer todo para restarles poder y disciplinarlos a través de operaciones judiciales.

Surgimiento y tradición. Divide y reinarás
Pero, ¿De dónde surge Macri y su liderazgo? ¿Cómo logró Macri reponerse de su mala imagen, criticado duramente por quienes hoy son sus más férreos defensores y comparten el mismo espacio político?
Macri es hijo de la farandulización menemista de la política en los 90 que llevó a Palito Ortega y a Scioli a la política. El camino de Macri fue más largo, primero fue la presidencia de Boca y finalmente con la crisis de representación política del 2001, el PRO encontró el momento justo para hacerse del poder cuando fue la tragedia de Cromañón. En aquella oportunidad, el PJ porteño votó con el macrismo la destitución de Aníbal Ibarra. Luego algunos de esos peronistas porteños pasaron a engrosar las filas del PRO. El kirchnerismo también fue siempre contra Ibarra, La Campora, nunca entendió lo valioso que podía ser tener un espacio progresista dentro de un armado peronista en un terreno tan difícil como la Ciudad de Buenos Aires. El mejor candidato, que podía tener el kirchnerismo de entonces, no era Filmus sino Ibarra, que tenía una construcción real y una extensa experiencia de gestión. Pero, pensaron que podían suplantarlo rápidamente, y desde entonces el mapa de la capital se pinta de amarillo elección tras elección. Así, Macri es hijo del menemismo, el PRO de la crisis del 2001 y CAMBIEMOS de la Resolución Ministerial N°125 del 2008.
El oportunismo y la férrea decisión de hacerse del poder político siempre acompañó a Macri, tanto es su veta de empresario de la Patria Contratista, que creció haciendo negocios con el Estado, como en el ejercicio de los ejecutivos siempre miró hacia arriba viendo el siguiente escalón y pisando seguro se dispuso a trascurrir todo el recorrido hasta la Casa Rosada, pero con la naturalidad de quien se siente nacido para mandar. Su discurso está cargado del contenido imperativo del patrón de estancia, esa mezcla de queja y orden, tan conocido por cualquier habitante de nuestra pampa húmeda y de los cordones fabriles del Gran Buenos Aires. Expresiones como: ¿¡Cómo puede ser! que haya tantas universidades!? ¿¡Qué es eso! que vengan de otros países a nuestros hospitales y no paguen nada? , son parte de una manera casi impune de tocar los temas de extrema sensibilidad social y política, que un político debe rozar siempre y buscar la forma para no caer en la incorrección, no mellar la apariencia de lo que habitualmente conocemos como lo “políticamente correcto”. Esa incorrección discursiva, sin embargo, no resulta transgresora porque está cimentada en el inconsciente y el sentido común de las relaciones de poder y en las jerarquías laborales. Es la base de un relato conservador metido, en lo que el filósofo Tomas Abraham, denominaría el “genoma” político nacional.
Por eso luego de legitimar su gestión con las elecciones de medio tiempo del año pasado, Macri puede y debe mantener el prestigio del gobierno. Esto exige del despliegue de la fuerza, prescindir de limitaciones éticas antes establecidas por valores democráticos inculcados por la lucha de los organismos de Derechos Humanos y acusarlos de corrupción, ridiculizados con argumentos de un sentido común chabacano, machista, xenófobo, represivo y anticonstitucional. Siempre con un modo que revuelve las tripas a los sectores intelectualizados y culturales, pero que resuenan familiares en una gran parte de la población.
“Divide et impera”, Divide y reinarás, es otro de las máximas maquiavelianas que hizo suya Macri con el suficiente éxito como para poder divisar un segundo gobierno en el 2019, sin que el segundo semestre anunciado apareciera jamás. Partir y cooptar sectores del radicalismo, del progresismo, la CGT, el PJ, la UIA, los sectores agrarios, los gobernadores y los intendentes estuvo en la mente de Duran Barba desde el minuto que Macri se calzó la banda presidencial.

“Trincheras”

Antonio Gramsci, uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, quien muriera en 1937 luego de padecer las cárceles del régimen fascista de Mussollini, escribió unos 32 cuadernos que son recordados como los “Quaderni del cárcel”, entre estos escritos publicados post mortem está “Notas sobre Maquiavelo sobre la política y sobre el Estado moderno” donde toma la obra de Maquiavelo para hacer una revisión de la literatura y la historia italiana. Como lectura obligada en las filas juveniles del Kirchnerismo durante la última parte del gobierno de Cristina y más actualmente también citado por el eurodiputado español Pablo Iglesias de PODEMOS, su análisis sobre la política donde la asociaba a las tácticas militares de la Primera Guerra Mundial, en correlación con el pensamiento del militar y filósofo prusiano Carl Von Clausewitz quien afirmaba que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, pero sobre un campo de batalla donde ya no se disputaba una guerra de movimientos, como vemos en los cuadros de la guerra de independencia con un genial San Martín desplegando sus ejércitos en movimientos envolventes al enemigo, sino una moderna entonces guerra de trincheras. Esas “trincheras” que se cavaban en el campo de batalla también estaban en el campo político y se hallaban construidas en la sociedad civil, que se componía de las instituciones no estatales como los partidos políticos, los medios de comunicación, centros educativos, sindicatos, organismos eclesiales, clubes de futbol, asociaciones profesionales, etc.
Gramsci entiende que todas estas instituciones están imbuidas de una ideología emanada por la clase dominante que a través de un proceso de lucha marcado por relaciones conflictivas de fuerza y coerción, pero también con consenso y seducción, la cual denomina HEGEMONIA. Así los sectores dominantes desarrollan una capacidad de convencer a las mayorías sociales con un discurso alineado en todas las arenas de la sociedad. El discurso comecoco, de cualquier campaña mediática encuentra adherentes en diversos sectores sociales, profesionales y políticos porque ha sido aprendido y replicado en miles de estas instituciones sociales desde que estábamos en el jardín de infante hasta en el club del barrio. Por eso dentro del pensamiento político de izquierda del siglo XX, Gramsci, incorpora la necesidad no solo de dar la batalla en el área económica sino también en el área de la cultura y el discurso donde se afinca la ideología de las clases dominantes hegemónicas.

La Batalla Cultural
A partir del 2012 los sectores juveniles del kirchnerismo intentaron una vía teórica gramsciana. Ponerle nombre a la disputa que tenía el gobierno de Cristina con Clarín y La Nación, implicó definirla como una “Batalla Cultural” contra un bloque hegemónico constituido por los medios de comunicación concentrados, la Sociedad Rural, sectores de la justicia opuestos al kirchnerismo y los sectores financieros lastimados por el cambio de rumbo económico que en el 2008 había terminado con las AFJP, entre otras cosas. Aquella batalla cultural tuvo muchos rounds desde su anuncio y la mayoría ciertamente fueron derrotas para el kirchnerismo, tal vez la mayor de ellas es no haber podido constituir un bloque contrahegemónico amplio en el 2015 como sí lo hiciera en 2011.
La hegemonía política nunca dejó de ser favorable al sector que representa Macri. La muestra de eso es que cuando lograron vertebrar un bloque de poder, que hasta el 2008 estaba fragmentado, luego de algunos traspiés electorales no paró de ganar elecciones.
Ese traspié fue el 2011, el año del empate hegemónico, cuando Cristina arrasó con el 54% de los votos. El discurso kirchnerista del Bicentenario de entonces había logrado permeabilizar esas “trincheras” sociales diversas. Por eso Macri, nuestro Principe Posmoderno trata de enfrentar esas múltiples trincheras de mil formas posibles, casi todas con la billetera del Estado, nada nuevo.

De la grieta al abismo

La batalla cultural, si bien la perdió el kirchnerismo, logró tocar algunas fibras profundas en ciertos lugares sensibles de la sociedad como son la juventud, algunos sindicatos, movimientos sociales de base, al mismo tiempo que paranoiqueó a las burocracias sindicales, partidarias, a los poderes concentrados de la economía agroexportadora y a sectores del contradictorio sector industrial nacional, que podían coincidir con Cristina pero que necesitaban una salida más dócil como podía ser Florencio Randazzo o Sergio Massa, que conociendo esa necesidad del establishment económico-politico, decidieron tirarse a la pileta sabiendo incluso que la pileta estaba vacía. A Randazzo no le alcanzó con demostrar que había sido un buen funcionario y Massa con su alianza con Margarita Stolbizer alejó más votos peronistas que los votos progresistas que atrajo.
Macri, o mejor dicho, su consiglieri Duran Barba, armó la táctica un poco parecida a la de Cristina, pero a la inversa. Si para Cristina se trataba de permeabilizar esas estructuras, tomarlas convirtiéndolas en propias al proyecto de gobierno. Recordemos que en ese momento se le cuestionaba a Cristina que abría focos de conflicto en muchos lados al mismo tiempo y se la acusaba de dividir al país y generar la “grieta”. En el caso actual, de Macri, consejo de Duran Barba, hoy se trata también de tomar una actitud de enfrentamiento y conflicto con esos mismos sectores para permeabilizarlos, pero ya no para ganarlos sino para dividirlos internamente y a partir de ahí desnaturalizarlos de la idea de unidad colectiva para crear la idea de individualidades que operan inconexas y enfrentadas, y a así plantear una nueva forma hegemónica más acorde al modelo que está desarrollando Cambiemos de coerción con consenso.
Si Macri está haciendo lo mismo que Cristina, también debe conocer sus riesgos y peligros. Cuando a Néstor y a Cristina les decían a la oposición dispersa y también antidemocrática en sus formas que formaran “un partido político y ganen las elecciones” esos sectores difusos y dispersos se unieron, acordaron un discurso y ganaron las elecciones del 2015. Duran Barba debe saber que si el peronismo, los sectores feministas, los universitarios, los sectores del trabajo, los desencantados votantes por el desarrollo de la economía, del costo de las tarifas, de las inflación y también sectores del sodomizado votante radical, sensible a las políticas de Derechos Humanos y el ninguneo político al que son sometidos diariamente. Una muestra de eso es el “acting” que protagonizó Nicolas Massot en el programa de Antonio Laje (ver https://www.pagina12.com.ar/100457-estamos-al-aire). No podemos asegurar que se trató de una equivocación, un daño colateral, o un error calculado para seducir a sectores peronistas bonaerenses dubitativos y proclives a la conveniente situación de hacer política con la billetera llena. Entonces el penetrar, dividir y cooptar para reinar parece ser la peligrosa forma que eligió Macri para asegurar su reelección en 2019.

Cuestión de tiempo
Si bien todos sabemos que el 2017 terminó al otro día que Cambiemos ganó las elecciones parlamentarias de medio tiempo, así también, vemos que el 2019 afloró entre las montañas de piedras que en diciembre pasado crecieron durante la sanción de nueva Ley Jubilatoria.
El 2018 es un impasse, no existe. Es un tránsito que estará marcado por el futbol, las miles de campañas mediáticas, las cortinas de humo y las idas y venidas para tratar de encontrar espacios de satisfacción y de aparcamiento político para hacer tiempo.
Duran barba y sus turiferarios ya han decidido la táctica a seguir para este año: escandalizar las pantallas con debates sensibles para la población. Pero, para dejarlos inconclusos por la sola razón de tensar y polarizar las posiciones, y trabajar con la pobre inocencia de la gente (como diría León Gieco). Reformas como el arancelamiento universitario, el cobro a los inmigrantes por los servicios de salud gratuitos, el establecimiento de una ley de aborto legal y gratuito y la despenalización de la marihuana, son todas cortinas de humo que agitan las mañanas de los diarios y los canales de noticias donde el jefe de gabinete, Marcos Peña, la vice presidenta Gabriela Michetti, o el mismo Macri, agitan la histeria de una población que no logra descansar de los sobresaltos económicos y políticos.
Sin embargo, estos juegos mediáticos del poder ejecutivo generan un enorme impacto sobre sectores sensibles. En el país del femicidio y el NI UNA MENOS, hablar del aborto no es un tema menor, más cuando se movilizaron, como jamás lo hicieron antes, cientos de miles de mujeres este 8 de marzo, ( a las que acompañamos con respeto y solidaridad en esas luchas). También cientos de miles habían movilizado por la aparición de Santiago Maldonado, y lo mismo el 21 de febrero cuando una gran cantidad de trabajadores y movimientos sociales fueron convocados por el sindicato de Camioneros a marchar y protestar, inundando la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires sobrepasando las expectativas del oficialismo del Triunvirato de la CGT, que salvo Smith, el resto no adhirió a la movilización. Hasta Moyano mismo se debe haber sorprendido del tamaño de la convocatoria, que hoy se ve con la posibilidad de reposicionarse sindicalmente más allá de la tibia y complaciente CGT, pero también que deberá asumir una responsabilidad política mayor.
Por ahora la insinuación que hizo Pablo Moyano de reeditar el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA que enfrentó a finales de los 90 al gobierno de Menem) y las declaraciones de su padre de aportar en la “reconstrucción del peronismo”, con Cristina adentro, lo ponen al camionero entre los actores centrales del momento.
Estas verdaderas puebladas, el 21F, el 8M, etc, que se vienen repitiendo, parecen no molestar al gobierno, es más, parecieran generadas por ellos mismos. Como si fuera que el conflicto y el antagonismo sería la forma de consolidar y acrecentar el capital político propio. Algo así como, “si les gustó hasta acá, les traemos más”. Tal vez por eso la ministra de seguridad Patricia Bullrich se mantenga en el Ministerio de Seguridad pese a los casos Maldonado, Nahuel, Chocobar donde el gatillo fácil y la represión ilegal e ilegítima ha sido en signo común denunciado los organismos de Derechos Humanos y los partidos políticos de la oposición.
A simple vista, ya pasó el latiguillo discursivo de la “pesada herencia”, pero no porque dejara de ser efectivo, sino porque cada vez son más públicos los casos de corrupción y ocultamiento de cuentas, negociados y malversaciones de funcionarios del círculo íntimo del presidente.
De aquí hasta las elecciones de 2019, todo será así, una repetición de puestas de escena mediáticas para histerizar a la ciudadanía, tratar de alejarla de visualizar una opción política alternativa. Pero, más acá, aún no sabemos si el peronismo podrá unirse para construir una opción de poder y programática que encolumne a toda la oposición en un nuevo proyecto amplio, representativo, fresco, renovador, mayoritario, y pueda, por lo menos, presentarse a dar batalla electoral en el, ya ahí, 2019.

jueves, 2 de noviembre de 2017

“Selfie” (del inglés: autorretrato)

Mirada Crítica.
https://mirada-critica.com/2017/10/28/selfie/


Selfie con el candidato. Selfie con el vecino. Selfie en la inauguración de la red cloacal. Selfie con el Presidente. Selfie en los carteles publicitarios electorales, selfie en el campo inundado. Selfie votando. Selfie con globos cayendo festejando la victoria electoral. Selfie con un cartel que pregunta dónde está Maldonado.

Finalmente se confirmó lo que nos veníamos preguntando en columnas pasadas. El bombardeo mediático del discurso moralista sobre la corrupción kirchnerista, acompañado por una catarata de inusitados encarcelamientos express de funcionarios K, lograron lo que muchísimos alquimistas políticos buscaron sin éxito: ganarle al peronismo bonaerense y consolidar una fuerte y compleja amalgama que llevara a arrasar el mapa electoral Nacional.

Escrutar los textos y la sonrisa de Mona Lisa de Duran Barba, no es suficiente para comprender cómo Cambiemos hizo para lograr ese ansiado efecto, que es necesario para conseguir gobernabilidad, confianza electoral y una proyección que les permite soñar con un segundo período de gobierno en 2019.

Debajo de esa montaña de votos amarillos yace el concepto clave que define el momento y le da continuidad al macrismo: “esperanza”. Esperanza que expresan los votantes en Macri – Vidal – Carrió, con un tono más parecido a una súplica y ruego que a una convicción real y dogmática.

Macri logra así repetir y mejorar la performance de 2015, y nacionaliza un partido que nació como un experimento al que muchos le veíamos problemas graves para dejar de ser una expresión vecinalista porteña de corta vida, con dificultades para poder vertebrar un discurso convincente y un armado nacional.

Este fue el gran aporte que realizó la UCR. Le abrieron la cancha del interior provincial conformando Cambiemos, y cediendo la estructura centenaria a la espera de retomar viejas gallardías y luminosos días de victoria.

Sin embargo, lejos están de eso los boinas blancas, se escucha a coro los lamentos de muchos dirigentes y militantes del radicalismo. Perciben que lo que veían como una alianza gentil y virtuosa se ha ido convirtiendo en una sodomización permanente de parte del PRO hacía los armados provinciales de Cambiemos y un desdén explícito para ocupar cargos en el manejo del aparato estatal. Tal es el caso del chaqueño Ángel Rozas, que renunció a fines de septiembre a la presidencia del interbloque Cambiemos del Senado, molesto con el “destrato” del Poder Ejecutivo.

En 1931, luego del golpe de Estado que terminó con el gobierno popular de Hipólitio Yrigoyen, Raul Scalabrini Ortiz escribió en El hombre que Está Solo y Espera: “¡CREER! He allí toda la magia de la vida. Atreverse a erigir en creencia los sentimientos arraigados en cada uno, por mucho que contraríen la rutina de creencias extintas, he allí todo el arte de la vida”.

Resulta sumamente llamativo ver que luego de tantos siglos de filosofía política, ocaso y resurgimientos de algunas religiones y el desarrollo de las ciencias políticas y sociales que ciertos preceptos morales y sociales que pueden ser considerados ampliamente como subjetivos e irracionales continúen teniendo relevancia y sean aún valorables.

En esta elección, contra toda planificación de campaña de la oposición, a un sector bastante extenso del electorado que acompañó a Cambiemos, no le importó ni la difícil situación económica (leáse tarifas de servicios, aumentos de naftas, inflación y endeudamiento externo del país) ni los cuestionamientos sobre corrupción que pesan sobre el presidente, su familia y sus amigos (Panamá Pepers, Correo y Angelo Calcaterra), ni la muerte de Maldonado luego de una represión ilegal a los mapuches, ni el cierre de canales y medios opositores, torcieron el voto hacía la oposición. El electorado decidió creer en Macri y Vidal.

Sin embargo, hay algo que todavía atormenta al oficialismo. Aún falta inflar algunos globos para que la fiesta y el bailecito estén completos: Cristina sigue beligerante. Con Vidal subida a la palestra electoral haciendo de ventrílocuo de Esteban Bullrich, y permanentemente amenazada de ser encarcelada por el juez Bonadio, quedó a solo cuatro puntos por debajo, consolidando un espacio político propio y consiguiendo una banca en el Senado que tiene más forma de trampolín electoral que de sedentario sillón. Por eso, en esta primavera y fin de año, no hay mucho para festejar ni tanto para llorar.

Vaya desde aquí nuestro respeto a la familia Maldonado y a la causa que defendía Santiago. Al mismo tiempo que esperamos justicia, y reclamamos también, por la reapertura de espacios críticos y trabajo para el periodismo opositor.

lunes, 2 de octubre de 2017

Macri, entre patas sucias y manos largas

POR: JJO para MIRADA CRITICA
https://mirada-critica.com/2017/09/30/macri-entre-patas-sucias-y-manos-largas/


Tal vez el desplazamiento de 12 móviles y carros de asalto del Ministerio de Seguridad de la Nación, que se dirigieron desde Capital hasta La Plata por la Autovía Dos la noche del martes, fue la acción que determinó la decisión del sindicalista de la UOCRA, Juan Pablo “Pata” Medina, de entregarse y no resistir la detención llevada adelante por la Prefectura Naval, con motivo de la acusación de lavado de dinero, extorsión y amenazas que dictaminó el juez de Quilmes, Luis Armella.

Así, Medina se suma al grupo de sindicalistas alcanzados por el largo brazo de la señora de ojos tapados, que con diferente medida prefiere poner en su banquillo a los cuestionables líderes gremiales, antes que a empresarios y jueces corruptos y corruptores.

El pasado 7 de agosto, Omar Plaini, del sindicato de Canillitas fue restituido en su conducción por la Sala II de la Cámara Federal Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional del Juez Irurzún, que a principios de este año el Juez Martínez Giorgi había ordenado desplazar e intervenir, con cinco camiones de la Gendarmería (GNA) por supuestas irregularidades en las elecciones gremiales del 2013.

Mismo recorrido en 2016 le había tocado a Omar “Caballo” Suarez del Sindicato de Obreros Marítimos (SOMU), donde fue intervenido el gremio y Suarez desplazado del cargo.

Finalmente, en consonancia con este devenir, algunos medios adelantan por estas horas que el próximo en la lista podría ser el titular del sindicato de empleados de porteros de edificios (Suterh) Víctor Santa María, que además de ser el presidente del PJ porteño su gremio integra el Grupo Octubre que posee medios de comunicación opositores como Página/12, AM 750 y Caras y Caretas.

Lejos aquí estamos de ponernos a dirimir que detenciones son injustas o todo lo contrario, a cada uno que se ponga la camisa que crea que le queda mejor. Sin embargo, en su conjunto conforman parte de un clima y un mensaje que necesita transmitir el gobierno de Macri y que la justicia acompaña ampliamente.

La imagen de transparencia, de pelea contra la corrupción de los distintos espacios del populismo peronista y las luchas contra las mafias, sean políticas o sindicales, deben ocupar el centro de las pantallas para que se haga real, o consistente (al menos en apariencia) el discurso del cambio de tiempo; y la idea de que se está haciendo una limpieza, porque de lo contrario las inversiones no llegaran.

“¡Quien va a invertir en este país si está lleno de mafias!”, repiten a coro los formadores de opinión en los medios de comunicación amigos del gobierno.

Con razón o no, la verdad que las inversiones no aparecen. Por el contrario, crece el endeudamiento externo, la industria que sostiene la mayor parte del empleo decrece y los tan esperados brotes verdes solo se ven en la obra pública ligados a la construcción.

La exportación de “commodities” (palabra en inglés para denominar a las materias primas usada para que la gente común no entienda nada y los economistas mediáticos hagan su show en la TV), y el sector del comercio de productos importados, son los que afloran en esta pálida primavera marcada más por el tiempo electoral que por un visible repunte de crecimiento y bonanza económica.

Números que, a dos años de gobierno, no alcanzan aun en la general a empardar los registros del 2015, y que con este endeudamiento galopante es más esperable un horizonte próximo de están-flación (estancamiento + inflación) que los esperados fulgores de algún semestre salvador por venir.

Tranquilo, esta no es una columna económica. Tome este humilde análisis de quién viene. Pero si aún quiere amargarse un poco, ya que la mayoría de los economistas son optimistas y ven venir los brotes verdes, los árboles y el paraíso pintado de amarillo, le recomiendo leer la columna de Alfredo Zaiat del domingo pasado (https://www.pagina12.com.ar/64872-cuando-explota).

Este avance sobre el sindicalismo por parte de la justicia es visto por muchos sectores opositores y no opositores como una forma de disciplinar a los gremios que “molestan” en la soñada reactivación post kirchnerista. Que sean los gremios marítimos, el de canillitas, el de la construcción y del único matutino opositor, llama la atención.

Primero porque hace mucho tiempo que se discute y cuestiona el accionar de los líderes sindicales y que se actué con tanta celeridad en este marco electoral levanta sospechas, más si los gremios que tocan son los relacionados con el transporte de exportaciones e importaciones que se mueven en barco.

Los canillitas siempre en conflicto con La Nación y Clarín y la UOCRA que cuelga su bandera verde en las obras publicas y le pelea salarios y condiciones laborales al gobierno.

Además, resulta por lo menos llamativo que desde el gobierno se hable de sindicalismo corrupto al mismo tiempo que guarda total silencio por las fortunas de los gremialistas amigos, como el difunto Momo Venegas y el actual ministro de trabajo, Jorgito Triaca, el heredero del jefe de los plásticos, ministro de trabajo menemista y privatizador de SOMISA. Jorge Triaca, QPD.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Enchastrados bajo las babas del perro de Pavlov. Avatares y desencuentros entre los encuestadores electorales y los electores.

POR: JJO para Mirada CRITICA


La realización virtuosa de la Sociología como disciplina de sus padres fundadores lejos estaba de terminar siendo solo una forma de recaudar datos como son las encuestas y sus representantes del marketing político audiovisual. Pensada como la ciencia que iba a servir para buscar la forma de hacer mejores las sociedades y tratar sus problemas, en su estado actual la disciplina se ve definida solo por una de sus herramientas. Como si el fin del carpintero seria andar dando martillazos por todos lados.

El método de las “encuestas” se da a conocer a finales de los 50 y 60 como “conductismo”. Los científicos sociales europeos que escapaban de la Alemania nazi se afincaban en las universidades nortamericanas y tomaban las experiencias del científico Iván Pavlov (1849-1936) que había descubierto que los perros reaccionaban segregando saliva ante la oferta de comida y emitiendo una señal sonora, luego con la sola llamada sonora el animal actuaba como si la comida estuviera. Eso en la psicología se denominó como la teoría del “reflejo condicionado”. Pero para esos científicos que desarrollaron los primeros departamentos de estudios sociales de las universidades yankis que buscaban un método científico con cierto control lógico que pudiera anticipar las tendencias irracionales y subjetivas que habían llevado al totalitarismo alemán. El nuevo método daba un marco de confiabilidad porque unía el estudio social con un método científico positivista de lógica causa-efecto heredado de las ciencias naturales, transformándolo en estimulo-respuesta, que permitía tener fotos y descripciones de la acción social sin tomar en cuenta análisis filosóficos, históricos, normativos o económicos. Los individuos “reaccionaban” a estímulos políticos y a cambios en su vida cotidiana.

Proyectado desde los institutos de estudios políticos de las universidades yanquis a todo el mundo, el método conductista se convirtió en “él” método de las Ciencias Política. Así una herramienta pensada para evitar el surgimiento de políticos irracionales de derecha se difundió para todo tipo de fines, desde qué partido ganaría las próximas elecciones presidenciales, hasta qué etiqueta de bebida gaseosa resultaba más llamativa apara los consumidores. Claro está que esta columna no es una revista de divulgación científica, pero vine bien repasar de donde vienen estas cosas. Los maestros en metodología dejaban abierto un margen de error, generalmente cercano al 4 y 5 por ciento de la muestra, porque si no el método dejaba de ser científico y se convertiría en mera adivinación, y lo que trataban de demostrar los conductistas era el alto grado de posibilidades y tendencias comprobables en la realidad.

Sin embargo, desde hace algún tiempo, tal vez con la necesidad de buscar la máxima velocidad y exactitud de respuesta que se instaló a partir de la masificación de las tecnologías de la computación, el internet y la robótica, escuchamos decir de desinformados comunicadores que “desde hace tiempo las encuestas fallan”. Se citan ejemplos donde todos los encuestadores del mundo son ridiculizados porque no pueden prever finales electorales dirimidos por mucho menos de cinco puntos. Estos opinólogos, más preocupados por la lógica del exitismo cual adivinadores del futuro, pierden de vista los contextos sobre los cuales se disputan las competencias electorales.

Muchas razones acuden a la hora de buscar las causas por las cuales las encuestas supuestamente yerran. Podríamos citar algunas: 1) Los candidatos son “dibujados” por diseñadores de campaña y esas imágenes cada vez se parecen más entre sí porque responden a modelos de preferencias mayoritarias de mercado. 2) Los discursos desideologizados y sensibleros ocupan el centro de las exposiciones argumentales. 3) Todo el mundo hace mediciones y evalúan reacciones al minuto, por lo tanto se arman escenarios y operaciones constantemente que pueden hacer variar las decisiones de una parte importante del electorado, sobre todo los llamados “indecisos”. Aunque ciertamente, a partir de estos cambios en la forma de encarar las campañas electorales gran parte de los electores están en la misma situación de indecisión y son permeables a cambiar el voto a último momento.

Entonces, finalmente no es que los encuestadores “fallen” sino que tal vez le pedimos demasiado a un método, discutible por cierto como cualquier otro. También deberíamos pensar, que como el éxito estará en la manipulación de los electores, vuelven a ser relevantes paradójicamente los argumentos “duros” ideológicos, económicos e históricos, porque aseguran el capital propio e intransferible de votos.

“Políticas de Estado”, en las PASO 2017: Entre el chancho importado y el gorila porteño.

POR: JJO para MIRADA CRITICA
https://mirada-critica.com/2017/09/04/politicas-de-estado-en-las-paso-2017-entre-el-chancho-importado-y-el-gorila-porteno/


Habitualmente escuchamos a los políticos de todas las calañas hablar de que “en la Argentina se necesitan políticas de Estado”. Generalmente cuando reclaman esa medida ponen cara de serios y circunspectos lanzan la frase como si dijeran una gran verdad o alguna cita bíblica. Fernando Iglesias, ex ARI hoy Cambiemos, es un gran productor de este género, lo que Arturo Jauretche denominó como “Zonceras Argentinas”. Otra más reciente es “necesitamos un pacto de la Moncloa”, (esta lo dejaremos para próximas entregas).

Como recién salimos de las PASO, creo que destrabar esto de las “Políticas de Estado” nos va a ayudar a comprender algunas cosas que se escapan de las campañas electorales y obviamente a la maraña informativa de los medios.

Resulta una herramienta invalorable ver el mapa interactivo que publicó el politólogo Andy Tow, en Página/12 del 16 de agosto, donde muestra los resultados electorales por circuitos y por municipios, y luego ver el mapa electoral nacional. Qué provincia y municipios ganó quién. Así podemos ver claramente como en la Capital Federal arrasó Lilita Carrió, seguido por un eterno segundo Daniel Filmus. Acá la novedad, fue que la ex dirigente del ARI, hoy Cambiemos, relegó a Martín Loustou a un lejano tercer puesto al cerrarle las puertas de las PASO dentro del partido que hasta ayer nomas lo llevó a ser embajador de Estados Unidos. Hasta ahí nada nuevo en la República Unitaria del Globo Amarillo o como llamaba a Buenos Aires el enorme David Viñas, “la Ciudad Oligárquica”.

La Provincia de Buenos Aires, profunda, popular extensísima mostró esta falta de políticas de Estado, y también puede incluirse en lo que Clarín y La Nación impusieron con el nombre de “la grieta”. Las dos cosas forman parte del país en disputa, del conflicto real e histórico del drama Nacional.

Primero hay que describir un poco el panorama. El gobierno y mucho del electorado de Cambiemos, pensaron que con las idas y venidas a Comodoro Py, las campañas sin descanso sobre la corrupción kirchnerista y la declaración unilateral del cambio de época que le decretaron los medios concentrados de comunicación, a Cristina le resultaría muy difícil ganar con amplio margen la provincia. Aunque, las encuestan no dejaron de darla ganadora a Cristina nunca, los cráneos electorales de Cambiemos se guardaban el ancho de espada de María Eugenia Vidal, que con un alto nivel de aceptación y pose de María Magdalena que sufre y sonríe indulgente al mismo tiempo, iban a acortar el margen que mostraban los números.

No se equivocaron. Cambiemos logró empardarle la elección a CFK, pero lo que podría haber pasado como una gran elección se convirtió en vergonzoso escándalo. Con el horario central televisivo y sin que se hayan abierto las urnas de los circuitos más poblados, se vieron ganadores y salieron a festejar entre globos y bailecito. Luego, cuando los votos del conurbano comenzaron a castigar con fuerza decidieron parar el conteo, que recién el miércoles pasado, ¡17 días después! en el recuento definitivo, el gobierno reconoció como ganadora a Cristina, pero sin aun publicarlo en la página oficial de Elecciones Legislativas 2017 (resultados.gob.ar), que tiene la última actualización de datos a las 06:55 del 14 de agosto. Una verdadera vergüenza.

En estas circunstancias CFK ganó, por un escaso margen, pero que a la luz de los acontecimientos sucedidos, todos los molinos de vientos que se le interpusieron, el triunfo se reviste de una épica quijotesca que la fortalece y la convierte en la principal referente del peronismo bonaerense. Una beligerante pieza infaltable para componer el próximo armado electoral del peronismo que suma una gran porción de gobernadores y los intendentes de los municipios más poblados de la Nación. Nada mal para una señora con síndrome de hubris, como dijera Nelson Castro, y por la cual sufren de solo verla libre mucha gente, que antes que escucharla, prefieren cerrar la puerta y odiarla en silencio o a los gritos.

Volviendo al mapa electoral, se ve claramente como en el Gran Buenos Aires urbano ganó claramente Unidad Ciudadana, haciendo una buena elección incluso en Partidos gobernados por el oficialismo, como es el caso de Quilmes y Pilar, y donde Cambiemos logró retener pero con una diferencia mínima como Morón, Ituzaingó, San Miguel, San Fernando y San Martín. Allí caló profundo el discurso y las ideas de los armadores de la campaña de CFK de mostrar las consecuencias del ajuste, el alto costo de las tarifas de servicios, los alimentos, el transporte, los alquileres y de la complicada situación económica que sacude a todo el sector del trabajo industrial castigado por la oleada de importaciones.

El resto de la provincia es un baldazo de pintura amarilla, sacando dos o tres Partidos, el resto es todo Cambiemos. Aunque la Provincia esté inundada y el consumo baje, los lecheros se van reconvirtiendo en carniceros, lamentablemente, porque a la larga al haber menos terneros habrá menos novillos generando un cuello de botella.

Por otro lado, los que en un momento dudaron cuando la soja bajó, ya volvieron a la carga a sembrar acompañados de un repunte del precio y porque el dólar Cambiemos resulta más competitivo. Este es otro chupetín que generará hambre mañana, porque se venden dólares mientras nos endeudamos externamente y luego se sale a frenar el alza con reservas. Pero, el globo se sigue inflando y eso en el campo y en los pueblos trae en lo inmediato resultados contantes y sonantes, al taca-taca, como dicen cuando les gusta pavonearse a algunos endulzados productores y consignatarios.

Otra de las razones del amarillismo por el que está pasando la Provincia, además obviamente que la gestión de Scioli no fue muy provechosa para la gente del campo, siempre muy pragmática a la hora de evaluar una gestión gubernamental Se fijan más en los kilómetros de asfalto de las rutas por donde saldrán las vacas y los granos que en el color de la camiseta, es que los radicales históricamente fuertes en la provincia cambiaron rápidamente la boina blanca por el bailecito y los globos. Acostumbrados al mundo de las internas partidarias, vivieron con naturalidad el cambio de camiseta, como parte de una nueva jugada electoral de la UCR. Como en el peronismo, la diáspora es también visible, hay radicales como Moreau y Santoro con Cristina, una lista enorme con Macri, con Massa está Stolbizer quien le aportó un sesgo progresista y lo desperonizó un poco también, tal vez eso que el ex intendente de Tigre pensó que le ayudaría a sacarle votos a Cambiemos le jugó al revés y se le fueron votos y dirigentes con Vidal. Incluso no es descabellado pensar que en un futuro no muy lejano Vidal, Massa, y en menor medida Randazzo, jueguen en un mismo equipo pero ya no con la camiseta amarilla sino con alguna nueva.

Veremos como sigue la gestión de Macri y si logra captar adhesión más allá del amor que le profesa Duran Barba y Mirtha Legrand cuando ve que CFK se adelanta en las encuestas.

Entonces volviendo al tema que abrimos al principio, vemos que hay dos provincias. Podríamos agrandar el lío, decir que hay dos países también, que si de “grieta” se habla, esta ya había comenzado en tiempos de Unitarios y Federales que discutían por algo más importante que de qué color usaban los lazos de los sombreros, y era por la subsistencia de las economías regionales frente a las ganancias que dejaban los impuestos de la aduana por el ingreso de las mercancías importadas al puerto de Buenos aires. Desde ahí tenemos la grieta que se cierra y abre con cada gobierno.

Pero mejor recortemos un poco, sabido es que el que mucho abarca poco aprieta. Tenemos una Provincia con una enorme concentración poblacional urbana con fuerte presencia del trabajo fabril industrial y una zona rural enorme con poca densidad de habitantes. Lo que está en una, no está en la otra. ¿Una grieta separa estas dos partes de una misma provincia?

No necesariamente, se complementan, se deberían complementar. Es cierto que la industria Nacional es mercado internista, sustituye importaciones a valores caros a nivel internacional de los productos, pero brinda trabajo a miles de argentinos, nos da solidez como Nación alejando vulnerabilidades del mercado internacional al hacer al país menos dependiente. La crisis internacional del 2008 sin un mercado interno como el que se logró reactivar post caída del 1 a 1, no hubiera pasado tan inadvertido como pareció. El campo aporta una gran parte de las divisas provenientes de las exportaciones, aporta tecnología de punta y genera un movimiento de capitales a nivel país que convierten a la actividad en el centro histórico, económico y político de toda discusión Nacional. Sin embargo, sin la participación del Estado el sector agro-ganadero no se hubiera sostenido en periodos históricos de caída, y sin la intervención que lo regule, tendríamos una economía de enclave exportadora de materias primas a granel con poco valor agregado y con solo un pequeño sector enriquecido por las exportaciones.

Estas dos visiones que están contrapuestas aquí, tal vez un poco sintetizadas, es el nudo no solo de la lucha de clases en Argentina sino también su drama simbólico de toda la representación Nacional.

El campo siente ser la Nación encarnada, cuando en realidad los grandes ganadores de ese sector viven en la Ciudad de Buenos Aires y están más pendientes de lo que pasa en Estados Unidos y Europa (por lo menos en esos Mercados de Valores), que del día a día de cualquier pueblo de la provincia, aunque cada tanto donen una ambulancia para descargar culpas y quedar bien con los vecinos.Es cierto que la copa del campo derrama en los pueblos, pero cuando eso pasa, los grandes poseedores de la tierra, acopiadores e intermediarios, ya se tomaron varias botellas en otros restaurantes de afuera.

Algo parecido sucede con las grandes industrias nacionales transnacionalizadas que se benefician de las rebajas en los impuestos y del endeudamiento externo que ha sido absorbido por el Estado, Cavallo en los 80 y Macri con el Correo, pero también están las Pequeñas y Medianas Industrias (PyMes) que dan trabajo y dinamizan la economía del consumo popular. Sin ellas, ya sabemos que el país resulta inviable, no porque los grandes detentores del capital y líderes de la producción agraria e industrial dejen de ganar, sino porque se hace imposible mantener el sistema económico y político, democracia y capitalismo, un difícil y delicado equilibrio. Diciembre de 2001 debería ser una lección no solo para la clase política sino también para los empresarios, que siempre se esconden tras bambalinas y gozan de impunidad social pasando inadvertidos.

Entonces, una “Política de Estado” necesaria, real, seria y verdadera, como las dos que hoy tenemos: el consenso de resolver los conflictos políticos dentro de la democracia y el reclamo de la soberanía sobre las Islas Malvinas, Sándwich, Geogias del Sur y el Territorio Antártico Argentino, sería tener una política industrial y de desarrollo protegida constitucionalmente por el Estado para que sea viable. Sin duda la búsqueda del desarrollo nacional, autónomo, regional y continental, combinando las fortalezas de los recursos naturales y agro-ganaderos con la industria, buscando descentralizar los centros urbanos industriales, acercándolos a la producción rural e iniciar una democratización en la posesión de la tierra, representan a la luz de la experiencia la razón de existencia misma de la Nación de cara a este siglo XXI. Claro que para que esto suceda es necesario decirle no a los intermediarios rurales y urbanos, a los supermercadistas, a los importadores de cosas que nosotros hacemos como cerdo de Estados Unidos, gas de Chile, mermelada de Bélgica, telas de China etc. etc. Si eso sucede algún día, veríamos que la grieta comenzaría a cerrase, o por lo menos, no abría tanta desigualdad social, que es lo que realmente importa. Solo basta con ver el mapa de nuestra Provincia y hacerse las preguntas correctas. Aquí solo ensayamos algunas respuestas, otras esperan por usted.



Con el agua al cuello

POR: JJO para MIRADA CRITICA
https://mirada-critica.com/2017/07/29/con-el-agua-al-cuello/


La semana se cierra con varias noticias con final anunciado.

Por un lado, la derrota de la operación parlamentaria Macri-massista para sacarle los fueros a Julio De Vido.

Y luego, la declaración de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que dictó una resolución a través de la cual le recomienda al gobierno argentino adoptar “medidas alternativas” para la prisión preventiva que cumple la militante Milagro Sala. Entre esas medidas, sugirió “el arresto domiciliario“, o bien que la líder de la Tupac Amaru “pueda enfrentar los procesos en libertad con medidas como la fiscalización electrónica“.

Dos golpes, que aunque no logran mover el amperímetro de las encuestas de cara a las elecciones del 13 de agosto, le cortan el chorro a una cantidad de expectativas mediáticas del Ejecutivo, que fluían hacia la posibilidad de ver confirmado en la practica el discurso moralista y acusatorio con la década kirchnerista, presentada por Cambiemos como una banda caída del cielo que se apoderó del Estado y de sus cuentas bancarias.

Por otro lado, el dólar perforó el techo de 18 pesos antes de lo esperado y no amaina amenazando inundar el pinchado bote de la credibilidad e infalibilidad del “equipo” económico y del contradictorio e inentendible plan económico.

En tanto Macri, viendo que el agua sigue corriendo para el molino de Cristina en el Gran Buenos Aires, dándole ganadora en todas las encuestas, pone las velas rumbo al interior de la provincia para pescar votos sojeros.

Votantes del campo, más apaciguados por un repunte del grano y por el changuí que les ofrece un dólar alto.

Claro está, que en esta travesía el mascarón de proa del PRO es María Eugenia Vidal. Ella encara, con sonrisa galvanizada y ojos lacrimógenos de postal navideña, abre caminos donde no llega Macri y menos Esteban Bullrich, ambos rígidos exponentes de la clase alta porteña carecen de ese costado sensiblero, haciendo la empresa más dura que la del capitán Ahab de Moby Dick.

En estas aguas turbulentas, donde los pronósticos y los índices de los economistas se clavan como arpones en la paciencia de los descreídos televidentes que ven como la realidad del desempleo, la inflación y la pobreza aumentan, la enorme y pesada CGT realiza una de las declaraciones más fuertes desde hace mucho tiempo, convocando a una aparente tibia e inocente movilización para el 22 de Agosto.

Sin embargo, en el marco de la cercanía con las PASO, y en el clima de descontento que existe con el gobierno de Macri en todo el sector del trabajo, con dirigencias intermedias que crecieron viendo los desastres de los 90 y bases jóvenes entusiasmadas con la militancia sindical, la medida toma relevancia y se agrega a un proceso ascendente de acción en los sindicatos.

Este podría ser el resumen de la acuática realidad nacional, donde a muchos el agua nos está llegando al cuello, y vaya aquí entonces, nuestro homenaje sincero a los verdaderos y sacrificados productores del campo argentino, los productores lecheros, que ven con dolor como su producción se pierde por las inundaciones y por el acopio de un voraz monopolio que impone un precio imposible para millones de familias que no pueden brindar ese alimento básico a sus niños y ancianos.


Sin embargo, no es toda la realidad. La vice presidenta Gabriela Michetti, en gira por Europa, se animó a parlare italiano en el pueblo de sus antepasados y ciertamente que lo hizo mejor que en muchas de sus declaraciones desafortunadas y xenófobas. Como cuándo se refiere a “los pobres y a la gente normal”, cuando aconseja a los pobres no gastar en televisores, camisas y leche para comprase una casa, o realiza análisis políticos como el retorno al sistema con 6 años de mandato presidencial como era antes del la Reforma Constitucional de 1994.

Michetti, tal vez con cierta inocencia o ignorancia planteó que habría que saltar las elecciones legislativas “de medio término”, dijo, “en algunos países de América Latina, que necesitaban generar cambios estructurales y se daban cuenta de que la competencia destructiva que tenemos en los años electorales les terminaba rompiendo lo poco que iban avanzando, decidieron por un tiempo hacer 4 años sin elección intermedia” (Perfil 18-03-2017).

Como opinión descolgada, el tema es demasiado serio como para pasar inadvertido. Sabido es que Macri quiere hacer una gran reforma política pero que con las dificultades que ello implica, apoyo parlamentario de los gobernadores en el Senado, y con todos los temas que lo inquietan como una reforma en el sistema jubilatorio (volver al sistema de reparto de las AFJP), reforma laboral (flexibilización y suspensión de indemnizaciones), reforma sindical (sacarle el control de las obras sociales a los gremios y cambios en las ART), no es de descartar que algunos funcionarios del gobierno estén soñando con una salida más audaz como una reforma constitucional.

En 2016, el gobierno anunció la reforma política que incluía el voto electrónico como punto central. Si bien la Boleta Única Electrónica (BUE) fue rechazada en la cámara de senadores, se llegó a hablar incluso de la existencia de miles de máquinas que se habían comprado antes que fuera promulgada la ley.

También por ese tiempo se comenzó hablar de la división del Partido de la Matanza. Eso movilizó a la intendenta del FPV, Verónica Magario, logrando encolumnar a todo el peronismo en esa defensa, y a los vecinos, que vieron en su representante una corajuda defensora del pago chico. Al poco tiempo Magario se convertía en una de las dirigentes más importantes de Cristina.

El periodo presidencial de 4 años que se estableció en la Reforma del 94, luego del Pacto de Olivos entre Menem y Alfonsín, tenía como objeto acortar el periodo para permitir la reelección en solo dos mandatos consecutivos, eliminar el Colegio Electoral haciendo la elección directa del presidente y establecer el sistema de balotaje, (donde el candidato más votado debe obtener al menos el 45% de los votos, o más del 40% con una diferencia de diez puntos porcentuales con el segundo candidato más votado.

Si eso no sucede se debe realizar una segunda vuelta o balotaje, entre los dos candidatos más votados, resultando elegido presidente el más votado de los dos), que antes no existían, copiaba así al sistema electoral norteamericano. Las PASO vinieron a completar la idea, similar a las “primarias” yanquis.

La elección de 4 años permite hacer controles de gestión a la ciudadanía cada dos años. Si los ciudadanos están conformes con el Ejecutivo, hay luz verde para la administración y podrá sumar legisladores que lo respalden, de lo contrario se fortalecerá la oposición. Al cabo de esos cuatro años se vuelve a plebiscitar la actuación del presidente y nuevamente la elección de sus representantes está en manos de todos los ciudadanos habilitados por la Constitución para votar.

Sin ninguna duda, a nivel institucional y político, la Reforma del 94 tal vez sea una de las mejores cosas que nos quedó de aquella década. La Democracia y las mayorías parlamentarias no son un juego ni un antojo, todo político prudente y con convicciones se maneja en estos temas con suma cautela, sabe bien que ahí está representado el Pueblo de la Nación, que lo está mirando.

Pasar las PASO. Las desventuras de un depreciado rudimento electoral

POR: JJO para MIRADA CRITICA


Cuando uno se pone a escribir una columna de opinión y análisis como esta, que va a leerse el sábado a la mañana, entre mates y medialunas, con cierta parsimonia, buscando tal vez, algo nuevo, o por lo menos, que aporte un poco de reflexión a los miles de temas que se apretujan en las pantallas de televisión, entintan los diarios y enronquecen a los locutores radiales, le corre cierta preocupación.

Se pregunta ¿No estaré repitiendo a los de la charla del quincho, al inefable Jorge Asís o a la pluma estrella de La Nación, Carlos Pagni? ¿Habrá alguien que dirá que le estamos robando ideas o temas? Cosa muy temida y conocida, tanto en el periodismo como en el mundo académico.

Entonces, caben dos caminos: matarse leyendo todo lo que escriben todos los opinólogos durante la semana, para no copiarlos; o dejarse llevar a los impulsos naturales del ocio y escribir libremente. Como siempre, optamos por lo segundo, abandonarnos a una relativa impunidad que protege a este género periodístico.

Nos podríamos excusar también diciendo que nuestras observaciones provienen más del mundo académico que del de la información, y no estaríamos mintiendo.

Sin embargo, no hay una gran diferencia en lo que se está discutiendo hoy en los claustros universitarios y lo que se debate en la política nacional.

En realidad, aunque muchos académicos no quieran admitir y muchos comunicólogos se hagan los distraídos, para sostener roles diferenciados o para proteger el ranchito, lo cierto es que la cátedra siempre estuvo cerca del comité partidario y el comité de la imprenta.

Desde el gobierno de Yrigoyen y la Reforma Universitaria de 1918, la universidad y la política, se retroalimentan. En la historia argentina, una siempre fue la contrapartida de otra.

Tal es el caso de la PASO (Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias) un proyecto ideado y rumiado en la carrera de Ciencia Política de la UBA. El producto final de la sumatoria de muchos años de estudio y cotejo comparado de conceptos y teorías europeas y norteamericanas, de las cuales, el profesor y Senador randazzista, Juan Manuel Abal Medina, ha sido un gran impulsor.

Abal Medina es conocido entre los estudiantes de esa carrera como “el politólogo radical que milita en el peronismo”, por sus lazos políticos y académicos con los “maestros politólogos” del radicalismo universitario”.

Así, las PASO, son el producto conformado por un sustrato básico de pensamiento formado en miles de horas cátedra, persistentes adhesiones a un determinado paradigma científico, y perdurables relaciones de poder que finalmente terminaron coagulando en una Ley.

Se sabe que la presencia de la UCR y Franja Morada, desde tiempos alfonsinistas, siempre ha sido una constante en la Universidad. Incluso, en tiempos del kirchnerismo, cuando todo lo que se movía y militaba se le ponía el poncho de La Cámpora, la hegemonía en los claustros de graduados y profesores no tuvo muchas modificaciones, siendo controlados siempre por el radicalismo.

Las PASO, creadas en el gobierno de Cristina con la asesoría de Abal Medina como parte de una reforma destinada a “transparentar y democratizar”, copian e importan para la Argentina el modelo norteamericano de elecciones primarias, con la diferencia de que aquí serán obligatorias en vez de optativas y en simultaneidad.

En general, fue recibida como algo positivo por todo el arco político que hoy, contradictoriamente, se muestra en oposición o la desdeña como herramienta política en la práctica.

Algunas críticas actuales, que provienen del sector de las ONG y de los partidos políticos, resultan un tanto ingenuas, como Change.org, que le acercó una carta a Macri con firmas para derogar las PASO, cuando éste fue uno de los que más se han beneficiado con esta reforma electoral, sostienen que “Los K hicieron esto (las PASO) para saber, como una encuesta, cuánto medían los candidatos, para después volcar todo el aparato del Estado en favor de ese postulante”. ( LA NACION miércoles 28 de junio de 2017).

A la luz de los acontecimientos, se ve claramente que esta crítica no tiene donde apoyarse, ya que tanto en la Provincia de Buenos Aires, como a nivel Nacional, ganó la coalición opositora y no el oficialismo en el 2015.
Otra crítica, naif, apunta al gasto en los procesos electorales, señalando las PASO como algo innecesario y caro, $2800 millones es lo que costarán los comicios del domingo 13 de agosto. La realidad es que cada vez son más los partidos que tratan de evitar las primarias porque los suman en situaciones complejas e incontrolables. Pasarlas rápidamente parece el signo común en este gélido invierno de 2017.



Las PASO (II). ¿Un caso de Mala Praxis Politológica?

El radicalismo compró rápidamente las PASO porque era parte de su formación política. La UCR es un partido con una larga tradición en la conformación de coaliciones electorales y con mucha experiencia en “internas”, que establecen un juego permanente de jerarquías y distribución del poder partidario regional y nacional.

Abal Medina siempre supo el peligro que corría y ahí quiso llevar al peronismo, para ese lado. Conocía la debilidad orgánica que persiste en el peronismo, donde la conducción partidaria se establece por el doble juego de complejos balances de poder entre el liderazgo personal del conductor y la profunda adhesión territorial, pero aún así salió a probar el modelito.

¿Cuando el equipo de Abal Medina pensó este sistema, evaluó cuáles serían las circunstancias de su aplicación en la provincia de Buenos Aires? ¿Cómo iba a impactar en los actores políticos y en la cultura política del distrito mas grande del país?

El radicalismo velozmente se percató que podían volver y recuperar la Provincia de Buenos Aires. En cambio, para el peronismo no iba ser tan fácil la adaptación. Un modelo que responde a ciertas prácticas, modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar, se dice en sociología para principiantes.

Lo sabemos, sus prácticas son distintas y sus actores también. Procesan de diferente forma sus conflictos y la democracia interna no funciona del mismo modo. Al radicalismo, más afín a las normas internas y a ciertos consensos básicos compartidos en cuanto a lo económico, la división de poderes y la democracia como legado centenario, no le cuesta tanto saldar las diferencias internas.

En tanto, para el peronismo, más pasional, ecléctico, diverso, movedizo, conflictivo y popular, la unidad y el conflicto van de la mano, tanto para existir como fuerza política, como para seleccionar candidatos, como para gobernar. Tal vez ahí radique su capacidad y fuerza, en sus múltiples formas de corporizarse, uniendo sobre sí las expresiones Estado, Nación y clase trabajadora.

¿No recordó?, cuando Bordón ganó las internas abiertas de un prometedor Frente Grande a mediados de los 90, con los votos menemistas, que veían con cierto pavor el crecimiento acelerado de la figura de un tercer partido beligerante, y una figura como Chacho Álvarez, que aún cargaba las épicas de los años 70 y del “Grupo de los 8” diputados disidentes al neoliberalismo peronista riojano, ¿no vio el riesgo que significa que te copen la elección desde afuera?

La respuesta a esta preocupación se observa bien, tanto en la clausura que Cristina realiza en no darle espacio de competencia a Randazzo, como en el caso de Loustou en Capital, que va por fuera de Cambiemos, tras ser negado el derecho de admisión y permanencia por Larreta y Carrió.

¿Tampoco le importó o no pensó en el fraccionamiento de poder que sobrevendría en la provincia de Buenos Aires? y lo peligroso que se podía poner una interna con presencia real de las masas populares argentinas, de carne y hueso, y no prolijos e idealizados electores ingleses o franceses?

¿Que creían “las mentes brillantes” de la Ciencia Política de la UBA? ¿que después de una interna peronista, ganadores y perdedores se iban a dar la mano como después de un partido de tenis?

La suma de los votos de Aníbal Fernández y Fernando Espinoza era mayor que la de Vidal. Sin embargo, en las generales ello no se expresó. Porque, como sabemos, para un dirigente barrial, donde su fuerza territorial es la diferencia entre existir y no existir, expuesto ya como perdedor de una interna, le es mejor ir a vender su aparato al partido de enfrente que entregárselo a quién le puede robar su presencia y poder local. Sabe que si gana su rival interno solo lo espera el cadalso.

Como ya dijimos, estas diferencias, no se saldan tan rápido como un game de tenis, quedan heridos y óbitos, injusticias y reparaciones, pendientes. Veamos sino, como después de todo el odio y las traiciones que se propinaron los candidatos del peronismo entre sí, lo extremadamente difícil que es componer la vida partidaria, y volver con una sonrisa de cámara televisiva a juntar, bajo una misma bandera y un mismo techo, a los personajes de este drama reciente que lleva los nombres inscriptos de Cristina Fernández, Florencio Randazzo, Aníbal Fernández, Felipe Solá, Alberto Fernández, pero que suma también al sindicalismo y a los gobernadores que, hasta ayer, perjuraron lealtad, pero a fuerza de necesitar dinero para pagar sueldos y poner a funcionar sus provincias, tejen cercanías con el Poder Ejecutivo Nacional, nunca jamás tan centralista y unitario.

Las PASO, no frenó la crisis de los partidos políticos, sino que la acentuó, fraccionando su poder orgánico. Acrecentó la personalización y el carisma en una relación más parecida a la industria del entretenimiento que a la vida partidaria.

Alentó la conformación de alianzas y coaliciones coyunturales pasajeras, cada vez más carentes de sentido ideológico e histórico, controladas sólo por las intenciones recolectadas en las encuestas, reducidos grupos de opinión y “focus groups”, y tampoco, finalmente, redujo la oferta de electoral, sino que la descoyuntó en un montón de piezas similares a un rompecabezas.

Tal vez, en estas horas, Abal Medina esté caminando de un lado a otro del living familiar pensando que ¡No es fácil componer el peronismo! ¡sólo con capital intelectual, una banca prestada y buenas intenciones, no alcanza! La historia deshizo, patéticamente, ya mil veces la tesis sarmientina que “las contradicciones se vencen de tanto contradecirlas”.