Centauro descamisado

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Daniel Santoro

jueves, 1 de diciembre de 2016

2016 Año del Señor en que el voto electrónico (BUE) pasó al olvido en la Argentina



10 RAZONES PARA OPONERNOS A LA APLICACIÓN DEL SISTEMA DE VOTO ELECTRONICO B.U.E.

1- No elimina la “lista sabana”,
sino que la potencia. A) Porque la forma de votar con la BUE, solo presenta en la pantalla de la máquina los tres primeros candidatos de la lista.
B) Porque por limitaciones técnicas o fastidio, el sistema induce a resolver rápidamente el voto por boleta completa.
C) La llamada “lista sabana” da cuenta del juego de pesos y contrapesos en la representación política territorial de la vida interna de los partidos políticos, instituciones primarias de la democracia Argentina, según nuestra Constitución Nacional. A partir de la aplicación de la BUE, esta movilidad interna se ve condicionada a la decisión vertical de los tres primeros candidatos “mediáticos” o “carismáticos” condicionando a resto a ocupar los lugares que estos deseen.

2- Más “rápido” pero más inseguro. La seguridad de la intangibilidad del voto, la garantía del secreto, la universalidad en el acceso (Art. 37 C.N.) y la comprensión técnica del acto electoral se ponen en peligro para poner el acento en la rapidez para obtener los resultados de los comicios.

3- El sistema electrónico no es más “transparente” y no elimina el clientelismo político, contrariamente, lo perfecciona.
La supuesta “transparencia” del sistema electrónico también hace agua cuando vemos que a partir de una aplicación con un celular un “cacique” político puede controlar el voto a cambio de alguna dádiva (en You Tube: Javier Smaldone, Demostración del "puntero digital" en el plenario de la Cámara de Diputados) y cuando el escrutinio electrónico depende de técnicos ultra especializados que deberían revisar las maquinas antes y después de la votación. No permite a ciudadano común escrutar fácilmente son un mínimo de preparación educativa básica, hoy para comprobar una elección solo hace falta saber contar, leer y escribir, con el nuevo sistema esto no será así.

4- El sistema de voto electrónico es vulnerable. En las pasadas elecciones en la Ciudad de Buenos Aires el Gobierno de la Ciudad inicio un proceso judicial al joven especialista en redes Joaquín Sorianelo, que duró un año, llegando a incautarle todas las computadoras con que trabajaba por demostrar públicamente como se podía hakear una maquina de votación. Esto también ya se ha demostrado en otros países como Irlanda o en las elecciones en la Florida que dieron ganador a Bush por fraude, o en la Alemania donde se votaba electrónicamente y se declaró inconstitucional.

5- Visto desde un enfoque político:
1- Acota la selección de candidatos y la representación política a élites cada vez más concentradas.
2- Reduce la vida partidaria y las vinculaciones de los partidos políticos con los entramados sociales.
3- Circunscribe el acto electoral a grupos de “entendidos”, y la fiscalización, a saberes de alta complejidad científica, teniendo como consecuencia el alejamiento del pueblo y la comunidad del acto de formación, selección y elección de nuestros representantes y gobernantes.

6- Desde un enfoque sociológico: 1- La aplicación de la BUE se basa en el presupuesto que las tecnológicas son accesibles a todos por igual, sin contemplar las diferencias económicas, culturales, la diversidad de discursos y significantes sociales que se encuentra en la compleja trama social de la Nación.
2- No distingue los diferentes grados de socialización con las nuevas tecnologías que pueden presentar los colectivos etarios, étnicos y sociales, más allá de lo “amigable” que puede ser o no una máquina para tales fines, como sostienen los defensores del voto electrónico.

7- Desde un enfoque filosófico: 1- Expropia a los colectivos políticos la posibilidad corporal y participativa de las acciones de construcción y materialización del poder político.
2- Excluye a los ciudadanos de la capacidad de realizar con potencia y voluntad el pacto social entre la sociedad civil y el Estado.
3- Tal modo del ejercicio ciudadano, provocaría una desmaterialización del acto eleccionario, el que quedaría atrapado en dispositivos de la información y en formas alienadas del consumo, el mercadeo y la cultura de lo instantáneo.

8- Se intenta suplantar algo que ha resultado efectivo, sencillo y barato como lo es el actual modo de sufragio mediante boletas impresas, con fiscalización de los partidos políticos, autoridades de mesa provenientes de la sociedad civil y del Estado (antes y después de la jornada electoral) y ecológicamente reciclable.

9- El sistema BUE es igual o más sensible a las inclemencias de los elementos que las boletas de papel. El argumento que sostiene que con las maquinas de votar nadie podría ya quemar las urnas, como en las elecciones del 2003 en provincia de Catamarca, es ridículo. Se ha demostrado que el chip de la BUE es sumamente vulnerable a los impulsos electromagnéticos y las boletas en papel impresas son tan combustibles como las tradicionales.

10- El sistema de voto electrónico de BUE es exponencialmente más caro y de complejo resguardo de los insumos una vez pasada la elección.
A- Según cálculos de la Lic. Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre, el costo de la elección del 2017 podría superar los mil millones de pesos contra los 398 millones de pesos que pagó el Estado Nacional en 20015.
B- Algún funcionario del Ministerio de Modernización dejó correr la versión que luego de las elecciones las “pantallas” electorales podrían usarse en “hospitales o lugares donde se necesiten”, suponemos salas de espera y colas de los hospitales públicos. Evidentemente, estos funcionarios, además de desconocer el estado de los hospitales públicos, desconocen el deterioro que padecen los elementos tecnológicos sensibles.
C- Esto desprende dos preguntas: Primera, ¿Podemos confiar en una maquina de votar que estuvo usándose dos o cuatro años en una sala de espera?, la otra, ¿O, vamos a comprar para cada elección maquinas nuevas?



“Proclama de las Universidades Nacionales, Facultades, Cátedras y Claustros, Contra el Voto Electrónico en Defensa de Voto Universal, Secreto y Obligatorio”

A partir del anuncio que realizara el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, el 23 de Junio de este año, se inició un proceso que culminaría en las próximas semanas con la media sanción en la comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados del proyecto de “Ley de Reforma Electoral” , que a la fecha, revela sus notables rasgos de apresuramiento, casi nulo debate previo, y que se ha ido desgranando para solo mantener como ariete de la tan mentada “reforma”, al denominado “Sistema de Boleta Única Electrónica” o también llamado por especialistas “voto electrónico”.
Según el diario La Nación de aquella fecha el “el sistema de boleta única electrónica (BUE) será estrenado en las elecciones legislativas de 2017 y el Gobierno tiene previsto desarrollar un sistema propio, con software y hardware, para no tener que licitarlo a terceros contratistas”. También señala el matutino que “será similar al sistema utilizado en las elecciones porteñas de 2015, provisto por la empresa MSA, con un dispositivo de pantalla que a su vez imprime una boleta y registra el voto en forma digital”.
El nuevo proyecto de Reforma Electoral en lo que atañe a la forma de votación, intenta suplantar algo que ha resultado efectivo y sencillo, como lo es el actual modo de sufragio mediante boletas impresas, con fiscalización de los partidos políticos, autoridades de mesa provenientes de la sociedad civil y del Estado (antes y después de la jornada electoral).
La “rapidez y transparencia” para obtener los resultados de los comicios, que se acusa como principal argumento a la hora de hacer campaña a favor de la reforma electoral propuesta por el Poder Ejecutivo, deja de lado y sin debatir cuestiones fundamentales del ejercicio de la votación. El nuevo sistema que requeriría de un enorme gasto del Estado nacional para la compra de las máquinas de votar, una sumatoria de ingenieros en sistemas electrónicos, técnicos y especialistas que garanticen el correcto funcionamiento de las máquinas, antes y después del escrutinio; haciendo complejo y costoso lo que hasta ahora fue fácil, relativamente barato, ecológicamente reciclable, y sobre todo, ¡seguro!; porque es fácilmente auditable por cualquier ciudadano o elector, eje central de todo debate que realmente se pretenda pertinente y democrático.
La vulnerabilidad de los sistemas de voto electrónico fue denunciada por diversos especialistas. La Presidenta de la Fundación Vía Libre, Beatriz Busaniche, señala los problemas que ha presentado el uso voto electrónico en otros países: “desde el punto de vista jurídico, y con el sostén de la imposibilidad técnica como respaldo, algunos países entendieron que no es posible implementar sistemas de votación mediados por computadoras sin vulnerar derechos políticos y constitucionales. Tal es la tendencia, fijada por el fallo del Supremo Tribunal Constitucional de Alemania, que se basa en dos axiomas que Argentina debería considerar: 1) El principio de la naturaleza pública de la elección requiere que todos los pasos esenciales de la elección estén sometidos a la verificación por parte del público, siempre y cuando no haya otros aspectos constitucionales que justifiquen una excepción. 2) Cuando se utilizan aparatos electrónicos de votación, los pasos esenciales de la gestión electoral y de la determinación del resultado deben ser pasibles de ser comprobados por el ciudadano de manera confiable y sin conocimientos técnicos especiales. La reforma propuesta por el PEN estipula que las autoridades de mesa, a quienes sólo exige saber leer, escribir y aritmética básica, deben revisar el normal funcionamiento de los equipos durante la jornada electoral. No hay forma seria de hacer esto sin una auditoría ni capacidad técnica. La propuesta de informatizar las 95 mil mesas de todo el país para 2017 es un salto al vacío, ya que ni siquiera se han planteado los fundamentos desde los cuales se va a auditar la enorme cantidad de equipos que se deben adquirir para tal iniciativa. La falta de un diagnóstico nos lleva a una reforma irresponsable” (en Clarín.com del 9 del Septiembre del corriente).
Por demás, las experiencias locales de elecciones con voto electrónico tampoco demostraron que fueron más rápidas que las de boleta impresa, ni fueron más seguras ni eficientes en la manipulación de insumos electorales, presentando variados problemas en lo que hace la transparencia de los resultados finales. Busaniche subraya que en algunas provincias, gracias al sistema tradicional que se aplicó en paralelo, se resguardó el escrutinio: “la gran mayoría de los inconvenientes se solucionan con boleta única en papel tal como se usa en Córdoba y Santa Fe”.
También cabe mencionar las causas judiciales abiertas por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ante la crítica y la demostración de la fragilidad y vulnerabilidad del sistema implementado, tal fue el caso del joven especialista en redes electrónicas, Joaquín Sorianello, quién sufriera un proceso judicial que duró más de un año, previo allanamiento de su casa, en julio del 2015.
Para nosotros, representantes de las Universidades Nacionales, Facultades, Cátedras y Claustros universitarios, pero sobre todo ciudadanos de la Nación de la República Argentina, el proyecto de “Ley de Reforma Electoral” en lo que respecta a la implementación del voto electrónico, presenta una gravedad sumamente preocupante, no solo observable por las dificultades técnicas y tecnológicas que acarrea su implementación, sino también porque elude un gran debate previo que atienda las dimensiones políticas, sociológicas y filosóficas que comprenden al acto máximo en el que se vuelven concretas nuestras formas republicanas, democráticas y federales, así como, los derechos y garantías constitucionales: la votación.

Nos oponemos a la implementación del voto electrónico desde un enfoque político: Porque acota la selección de candidatos y la representación política a élites cada vez más concentradas, reduce la vida partidaria y las vinculaciones de los partidos políticos con los entramados sociales. Circunscribe el acto electoral a grupos de “entendidos”, y la fiscalización a saberes de alta complejidad científica, teniendo como consecuencia el alejamiento del pueblo y la comunidad del acto de formación, selección y elección de nuestros representantes y gobernantes.
Nos oponemos a la implementación del voto electrónico desde un enfoque sociológico: Porque se basa en el presupuesto que las tecnológicas son accesibles a todos por igual, sin contemplar las diferencias económicas, culturales, la diversidad de discursos y significantes sociales que se encuentra en la compleja trama social de la Nación y los diferentes grados de socialización con esas tecnologías que pueden presentar los colectivos etarios, étnicos y sociales, más allá de lo “amigable” que puede ser o no una máquina para tales fines, como sostienen los defensores del voto electrónico.
Nos oponemos a la implementación del voto electrónico desde un enfoque filosófico: Porque expropia a los colectivos políticos la posibilidad corporal y participativa de las acciones de construcción y materialización del poder político, y excluye a los ciudadanos de la capacidad de realizar con potencia y voluntad el pacto social entre la sociedad civil y el Estado. Tal modo del ejercicio ciudadano, provocaría una desmaterialización del acto eleccionario, el que quedaría atrapado en dispositivos de la información y en formas alienadas del consumo, el mercadeo y la cultura de lo instantáneo.
Por todo lo antes expuesto, parafraseando a los pensadores de la Reforma Universitaria de 1918, para no sumar una vergüenza más y una libertad menos, desde todos los puntos cardinales del país nos proclamamos contra la implantación del denominado “sistema de boleta única electrónica” (también llamado por especialistas “voto electrónico”) contemplada en el proyecto de “Reforma electoral”.

lunes, 27 de julio de 2015

El Cuerpo del delito

Tres acontecimientos se ligan entre si y en tiempos entre elecciones llegan a mover el amperímetro del interés por cierta espectacularidad y por la cercanía afectiva que nos produce la Facultad de Ciencias Sociales y una re-estatizada Aerolíneas Argentinas por el kirchnerismo después de una gran lucha de sus trabajadores y de la sociedad en general . El primer suceso es la escandalosa performance de Vicky Xipolitakis en un vuelo de Aerolíneas a Rosario, el otro es una parejita de pibes de 13 años que tuvieron sexo oral en el baño de un colegio católico de Bella Vista en el Partido de San Miguel, y por último la performance de posporno en Sociales. En los dos primeros casos el tema transcendió porque fueron colgados en las redes sociales, Vicky y la adolescente colgaron las filmaciones, una en Twiter y la otra en Instagram. Una y otra pusieron su cuerpo en valor como una mercancía de cambio que publicaron luego en el juego de oferta y demanda del mercado mundial de imágenes de este capitalismo posmoderno globalizado. El caso de la vedette con el objetivo inmediato y antiquísimo de obtener rápidamente algo a cambio, en este caso no dinero, sino para que le franquearan el acceso a la cabina del avión y quizás así montar una operación de desprestigio mediática, o por pura tilingueria, quien sabe? La niña del colegio religioso tal vez sea un tema más complicado de analizar a la ligera, ya que implicaría analizar desde las represiones familiares, pasando por las eclesiásticas y las “rebeldías propias de la edad”, como se dice generalmente cuando no se quiere decir nada, por lo pronto todos temas que nos acceden. Sin embargo, la decisión de hacer pública su sexualidad en el ámbito escolar, una escena con un trasfondo onírico más propio de la misma pornografía que de los romances de la Juvenilia secundaria, igualan los acontecimientos al someterlos a la fruición de consumidores de noticias truculentas, onanistas, corruptores y pedófilos del cyber espacio y simples voyeurs del ocio laboral que sostienen las rutinas de oficina. En ambas situaciones los protagonistas decidieron vender las imágenes de sus cuerpos, exponerlos al mundo. Qué otra cosa se puede hacer con el cuerpo en este momento de la historia de la humanidad cuando los requerimientos sociales, la demanda y la oferta exigen como antiguos dioses cuerpos para el sacrificio y el consumo. A cambio se garantiza el acceso a relaciones simbólicas de poder y valores materiales, culturales y sociales que ponen a los sujetos frente a frete con una racionalidad moral perimida y disfuncional frente a un mercado exigente y del ahora mismo. La performance de posporno de Sociales viene a poner a la vista aquello que corre por los rincones y en los desiertos del anonimato, situarlo en el centro de la escena social ultra saturado, ultra explicito. El cuerpo codiciado de la posmodernidad globalizada, el cuerpo codificado por códigos de barras conviviendo con el cuerpo negando lacerado del cura pedófilo, del viejo militar torturador, y el guarango exhibicionista de esquina. Ese cuerpo negado y relegado a lo oscuro de la existencia aflora en los cadáveres de niñas desaparecidas y muertas que entintan los diarios y pagan los salarios de los guacamayos amaestrados del poder mediático corporativo, en los horrores “intra-familiares”, en las millares de denuncias de violencia de género que realizan las mujeres a los servicios de atención del 911, en muertes, muchísimas muertes y abusos de mil formas que se le hacen a las mujeres de este país y del mundo. Pero lo que muestra el posporno de Sociales no es la promoción del porno llamando a la seducción y a la urgencia del coito. Es justamente al revés, se muestran los cuerpos y el sexo sin mediación capitalista, sin precio, sin Instagran ni Twiter, sin pasar bajo el radar militar del Google. Muestran el sexo ultra-cosificado, casi como un producto enlatado como es la pornografía pero deglutido por las maquinas del capital, casi como desechos sobrevivientes donde el brillo del objeto se corrompió por el desgaste, eliminando el deseo o el impulso de cosificación por el mismo uso. En cierta forma es como las serigrafias de Andy Warhol, pero con una intensión inversa. Sus cuadros tomaban lo común y vulgar para transformarlo en una gema, aquí agarran los mitos de la belleza y el deseo de consumo sexual del capitalismo globalizado para transformarlo en un objeto cotidiano, despatetizado e hiper-realista. Finalmente cabe mencionar en el debate el lugar que tiene la academia y la universidad en donde se exponen y discuten estos temas. Donde más allá de ser un lugar donde se supone debe campear el pensamiento libremente y sin restricciones, el peso de las morales establecidas por los cánones del sentido común que establecen un sin número de prejuicios rotulados bajo el común denominador de las “buenas costumbres”, afortunadamente suceden acontecimientos como estos que nos interpelan y nos llaman a la inquietud y la incomodidad. Al mismo tiempo, nos vemos salpicados por los barros de la cotidianidad y pisamos el mismo suelo de la Nación, pero ese producto tan noble y útil para el alfarero resulta también inútil y molesto para el peatón. La universidad debe tomar esos barros inoportunos y molestos, e iniciar un proceso de estudio y amasado como realiza el artesano para ofrecerle a su sociedad un proyecto mejor o por lo menos ponerlos a la vista. El tema de la sexualidad requiere mayor complejización que la que aquí podemos entrever, pero lo que si es seguro es que no hay que ceder el lugar que tiene la universidad a teorizar, debatir, hacer cortes en el sentido común y tajear la realidad para abrir brechas y nuevos caminos. La facultad está para replantear y replantearse la realidad. Recordemos que la raíz de nuestra Facultad es la Filosofía, éramos parte de la Facultad de Filosofía y Letras, no perdamos el amor por el pensamiento. ---------------------------------------------------------------------- Solo un Recorte de la Realidad
La performance en si como hecho artístico no nos interesa tanto como su chispa política capaz de iniciar los motores del pensamiento en este capitalismo posmoderno globalizado, saca caretas. Se caen las caretas de una izquierda que resulta mas dogmática y conservadora que la misma institución académica, la de los ingenuos y desprevenidos que creen que ir a la universidad es pasar indemne por las cátedras de una facultad enclavada en un barrio donde la pobreza y la exclusión están en carne viva, de los gélidos pensamiento y desapasionados que solo ven en Sociales un edificio único, una mampostería que se cayo o un tabique y no una comunidad de ideas, un lugar de debate de escuelas y un centro para pensar el país y su pueblo, se caen las caretas de los snobs, de los revolucionarios prolijos, de los niños de mamá que calculan el promedio con alma de banquero, los juntadores de boletas y tikets de buen alumno para llenar el plantel del CONICET o alguna bequita internacional, los miopes que creen que la sociología, la política y la filosofía son "carreras" librescas y no una relación dialéctica y carnal con la fibra mas propia de su pueblo, a los loquillos temporales salidos de alguno de los tres colegios de la Capital Federal que mantienen la raleada -gracias a las universidades del conurbano recientemente inauguradas - matricula de Sociales y descubren una brisa libertaria pasajera que ira pasando a medida que sumen hojas en sus Curriculums Vitae. Se me ocurre que en la próxima performance deberíamos invitar a todos los paqueros que paran en Constitución y San José, a los que mueven merca en Salta y Obrian, a los pibes del robo pirania, a los que viven debajo de la autopista 25 de Mayo y Solís, a las putas y peluqueras dominicanas, a los travestis y a los hacinados en conventillos y pensiones de la zona. No sabemos como terminaría la velada ni si los medios reproducirían la tertulia, pero seguro estaría bueno ¿Si no para que elegimos las Ciencias Sociales? Pero esto no va a pasar, porque este Sociales no quiere sacarse algunas caretas y resulta tan careta que no se anima, ni siquiera, a bautizar su nuevo edificio con el nombre de Néstor Kirchner, el único gobierno que realmente atendió los reclamos de la educación universitaria en muchísimos años. No sorprende que las estudiantes de Sociales hayan perdido cierta marca libertaria. Sus agrupaciones políticas se ven más preocupados de las internas partidarias que de la vida académica. No están mas las agrupaciones chupando birra en los bares, no están más los bares universitarios SUR o LA BARBARIE, las fiestas vomitivas y debates enormemente creativos de donde salían publicaciones, cátedras libres, materias optativas y seminarios que le dieron entidad e identidad a la facultad, o acaso creen que esta facultad nació de un laboratorio? Bienvenidos a Sociales nene, no te lo vas a olvidar nunca. ----------------------------------------------------------------------------

lunes, 16 de febrero de 2015

APUNTES NAPOLITANOS, minutas por facebook.

1) A mis amigos afectos a la semiología, del grupo los incorregibles Sallieris de González, no se les paso de largo lo que dijo la presidenta: "a fin de año los argentinos saquearon los shoppings con tarjeta de crédito". Cristina resignificó positivamente el negativo término saqueo. Así se incorpora una hoja más al árbol genealógico de la tradición resignificante del peronismo. Es que el peronismo mismo apoya su discurso fundante en una dialéctica que invierte los significados mas allá del pobre rotulo original y lo enriquece haciendo una consigna de clase y bandera de combate. Recibe enunciados peyorativos como "negro" y "descamisado" y como en una gambeta maradoniana con sonrisa gardeliana -Perón tenía una sonrisa parecida a la de Gardel- lo hace propio y lo devuelve en forma burlona y mordaz, con dientes apretados en forma de arenga política y social, que aquí es decir lo mismo. 2) En la marcha peronista, cada vez que la cantamos juramos combatir al capital pero podemos convivir perfectamente con el capitalismo porque sabemos que existe el pueblo peronista, Perón Cristina, etc. Esa es nuestra cosmovisión política básica. El capitalismo no le asusta al peronismo, es el saqueo benefactor y salvador de la tarjeta de crédito en el shopping center y en el fin de mes en el supermercado. Están mas allá las discusiones de la propiedad, porque se entiende que siempre la propiedad debe estar en función con los intereses de la sociedad, que está en constante disputa, y que al fin y al cabo si la presión desborda la fundación de la represa, el Estado actuara haciendo justicia para asegurarnos que reine el amor y la igualdad. El peronismo es un sucesión del presente, es realista y pragmático pero tiene su metafísica y sus ideales morales y normativos, sin estar totalmente organizado, nada le tiene que envidiar a otros corpus ideológicos, solo le basta una enumeración doctrinaria para ponerse a la cabeza de la fuerzas de la historia nacional. Por eso no le importa mas allá del momento, porque siempre estará allí, nació para asegurar la paz y la prosperidad. Sera revolucionario en la derrota y en la oposición, y conservador en el poder. Pero al mismo tiempo si es necesario se refundara sobre si mismo para mutar en cualquiera de sus formas cuando lo requiera el momento. Siempre me gusta recordar algo que dijo Néstor, que puede haberlo sacado de Cooke seguramente de sus lecturas de los 70: "con el peronismo solo no alcanza, sin el peronismo es imposible". 3) La metafísica sobre la cual se constituye la cosmovisión del peronismo está fundada en su propia génesis redentora, y se puede sintetizar de la siguiente forma en dos creencias que son una: "sin el peronismo la Nación es imposible, sin el peronismo la Argentina no es un país que pueda ser realizado". 4) En el peronismo no hay versiones "puras", todo es mestizaje y mezcla. Desde su nacimiento, la génesis del peronismo esta insuflada por las más diversas tradiciones políticas desde el anarquismo hasta el fascismo, pasando por conservadores, radicales, socialistas y comunistas. Por otro lado si para la tradición marxista el Estado es el boliche de la burguesía y también desde donde protegerá con sus medios represivos la propiedad, para el peronismo, el Estado en manos no peronistas es la materialidad política y económica de la oligarquía. Solo el peronismo en el Estado puede hacer la justicia social. Sin embargo, el centro de la filosofía peronista no es el Estado, este es un medio. El centro es el pueblo visto como la Nación, la clase obrera peronista, y es ella porque es la detentora del "poder" real. Ese fue el gran descubrimiento de Perón, que el poder lo tenían los trabajadores, era un ejército dormido. El Estado es un medio, el mas importante de todas las herramientas conocidas, pero que sin una articulación con otras organizaciones de la sociedad quedaría manco, sin piernas e inútilmente invertebrado. El peronismo une, sobre un nuevo y mismo sujeto, a la clase obrera y a la Nacionalidad.

miércoles, 13 de agosto de 2014

La Revolución en Tinta González

Juanjo Olivera

 “La Correspondencia Perón-Cooke es en verdad un vasto documento sobre la revolución en la Argentina, servido por un tejido de valoraciones y juicios sobre las cosas, que en el rápido tacleteo de las máquinas de escribir –o de la tinta simpática- con que eran elaborados, traducían las resonancias de los pensamientos políticos más sugestivos de todos los tiempos.” 
Horacio González. “La revolución en tinta limón, Recordando a Cooke”.  Unidos N° 11/12, octubre de 1986 
Este es uno de los textos que seguimos agarrando cada tanto cuando la practica política nos pone encrucijadas, para ver y entender un poco más el peronismo. Todas las cuestiones nodales, del peronismo que fue y del que viene, están redactados en la dramática “Correspondecia Perón-Cooke”, González bien nos alerta que el “peronismo son cartas”. Tal vez sean las cartas, lo que crea los diferentes peronismos más que el Perón gubernamental encarnado, del pasado luminoso y los discursos incandescentes del balcón de la Casa Rosada. El problema que desgrana el drama del peronismo de la resistencia es el de la autenticidad de las directivas de la conducción y la puja por el liderazgo local en la ausencia del líder. Esa necesidad de autenticidad persistirá en el peronismo incluso luego de la muerte del viejo general, pero ya para desacreditar al otro sector, de “ser o no ser”, de ser de la “primera hora”, peronista.

sin peronismo no hay revolución, pero no todo el peronismo es revolucionario; sin la izquierda no hay revolución, pero no toda la izquierda sabe entender al peronismo. Largas reflexiones éstas en donde debemos encontrar el germen de su teoría de la “burocracia” y del “gigante invertebrado”, al mismo tiempo que la laboriosa interpretación intentada para referir mutuamente la historia del peronismo y la historia de las izquierdas liberacionistas, en el bastidor de la revolución latino-americana”.
González resuelve a través de Cooke la dialéctica planteada por Eva Perón donde el peronismo sino asumía su ser revolucionario no sería nada. La respuesta a ese problema no resulta para nada sencillo, porque además el peronismo para Cooke contenía lo que llama González “la paradoja del lugar cambiado”, no era solo potencialmente revolucionario sino la amenaza real al status quo, y contrariamente, donde estaba el nombre de la revolución, en el Partido Comunista, esta se veía postergada. Sin embargo, como muestra González, Cooke resuelve esa tensión abriendo y no cerrando. Dirá, si no todo el peronismo es revolucionario y sin él la revolución es imposible, y la izquierda “sin sujeto” no comprende al peronismo, se deberá incluir a ambas experiencias en una nueva serie que las contenga en el bastidor de la revolución latino-americana, que para Cooke solo se podía realizar a la luz de la revolución cubana y si el peronismo se reconocía como un movimiento de ultra-izquierda ocupando un rol de vanguardia en los movimientos insurreccionales continentales. Claro está que la definición que le pedía Cooke le resultara imposible a Perón en su esquema pendular de bendiciones “urbi et orbi” y donde los “dispositivos” y las “formaciones” eran vistas como herramientas y aparatos políticos, utilizables según dispusiera el momento y la situación. Sin embargo, aunque el viejo general no estuviera dispuesto a compartir su mando, sabía que con el peronismo solo no alcanzaba, y aún con los desencuentros dramáticos de los 70, los jóvenes de entonces identificados con la izquierda peronista y la JP, llegaron a la conclusión luego de pasar por diferentes experiencias políticas en tiempos democráticos de los 80 y 90, que sin el peronismo era imposible.

“No es cierto ahora que debamos ser continuadores del pasado que no fue. A fuerza de verdad, nunca nadie lo es, por más que diga escuchar “lejanos mandatos”. En ese caso, mal se busca ser “nuevo” bajo ropajes antiguos que parecerían más dignos. Mejor sería reconocer rupturas, saber que somos otros, pero que cabalmente lo seremos si conseguimos releer esas voces antiguas, muy terribles, sin advenedizos temores.”

La revista Unidos, concentró a gran parte del peronismo de los 80, allí se ven los puntos de fuga. Todas las líneas políticas internas, si es posible decirlo del peronismo y si es que hay algo realmente por fuera del peronismo, y todos los problemas que tenía el peronismo. Entonces cada vez que nos vemos con la dificultad, algún nudo gordiano peronista que nos plantea la praxis política, Unidos, “las cartas” y “tinta limón”, llamados estos con el tono que se nombra a los amigos ya que uno con el tiempo se siente un poco amigo de un texto, recurrimos a ellos como textos imprescindibles y esclarecedores.
Unidos contiene todas las líneas y debates de lo que llama Álvaro Abós el post-peronismo. Nos muestra desde una forma poco habitual, como son sus propios escritos, la acción y el prontuario político de nuestros dirigentes, sus ideas de entonces. Así podemos ver notas del mendocino Bordón, de Chacho Álvarez, de Carlos Menem, de José Pedraza, el viejo sindicalista ferroviario que fuera citado por el mismo Hernández Arregui como exponente de un nuevo sindicalismo de liberación, en su momento de gloria, tal vez, y que convertido en burócrata sindical en los 90 y tras la muerte del joven Mariano Ferreyra la historia lo opaque y finalmente lo devuelva al olvido.
Unidos contiene todo lo caótico de las miles de líneas y capas que podía contener el peronismo renovador de los años 80, una revisión total y con todos para repensar la acción futura del peronismo, luego que los “mariscales de la derrota” como se los llamaba entonces al sintomático Herminio Iglesias y el sequito que acompañó a Italo Argentino Luder en las elecciones de 1983. Unidos era un big-bang de donde podrían surgir virtuosas constelaciones o el caos mas espantoso, la nada. Todos sabemos el final del cuento, la década menemista, el Frente Grande-Alianza y el 2001 que le pone cierre a toda aquella época post-peronista abriendo en el 2003 una novedad.

“No somos, no podemos ser cookistas, pero no ocurrirá nada interesante si el presente traza una muralla china contra las virtualidades no consumadas del pasado. Entonces, hay una forma ideal de ser “cookistas”, que también es la única que permite ser hoy peronistas, y que consiste en pensar que en la historia hay siempre algo más que nos excede y que no sabemos explicar, pero también es irreprimible el deseo de negarla en la que ella también nos niega, esas transformaciones que se prometieron y que nadie realizó.”

La revolución en tinta limón de González nos interpeló a finales de los 90 y en aquellos primeros años del 2000 a muchos de nosotros que nos encontrábamos en la búsqueda de rastros de futuro y de sobrevivientes que nos pudieran mostrar senderos ocultos por la maraña académica, la decadencia de los medios de comunicación, la frivolización de la política y las nuevas teorías de la filosofía política que arribaban con la crisis.
La voz  de González era para nosotros la voz perdida de John William Cooke, como también Rubén Drí era la voz de un Hegel tercermunista que nos acercaba a través de la dialéctica del amo y el esclavo a las experiencias de la Teología para la Liberación y en Alcira Argumedo encarnaba nuevamente la voz de un olvidado Rodolfo Kusch. 
En documentos de nuestra agrupación estudiantil, bautizada  John William Cooke, y bendecida en su presentación por Amanda Peralta y Envar el Kadri en la sede de Ramos Mejía de la Facultad de Ciencias Sociales, nos reconocíamos como “revisionistas de los revisionistas”  y desde ahí haríamos nuestro aporte. Decíamos “Las Cátedras Nacionales” de los años 70 como quien recita un mantra, decíamos Jauretche como talismán, un “San Jauretche”, dijimos Cooke y Perón como distintivo y bandera.
González, reúne sobre si una condición difícil de contener en un solo envase, la facultad de contener en su experiencia, en su obra, dos tradiciones no siempre concluyentes como son las estéticas culturales y la militancia política. Quien venga corriendo hacia él sin contemplar sus dos frentes se dará de bruces contra el viejo profesor.
En las primeras reuniones que nos juntamos con González para hablar de incluir una materia en la Carrera de Ciencia Política de “pensamiento popular argentino…” que por entonces era la carrera con mayor presencia de la Franja Morada pero con la huida de De la Rua en el 2001 la Franja se deshizo y el frente que integrábamos (el Movimiento de Refundación de Sociales) ganó el Centro de Estudiantes y las elecciones de la carrera con un amplio margen y eso nos permitió renovar e incluir algunos cambios en la curricula, la respuesta fue fulminante:

¡¡Popular!!
, le dijimos nosotros, además hay que llevar las discusiones del bar a los claustros.

En aquel entonces había bares donde se discutía, había estado el Bar del Sur en la sede de Marcelo T. de Alvear donde se hicieron mil charlas entre ellas la Cátedra Libre Che Guevara que organizara con gran éxito la agrupación El Mate, otro bar fue el Astillero atendido por Gustavo Bulla y Alejandro Montalbán y un alegre portugués que muchos recordaran y la Barbarie en la sede de Ramos Mejía. Entonces buscábamos argumentos para convencer a González que nos diera clases. González, sigue:

¡Ustedes están locos!
¡¡el bar!! ¡¡ponerle popular…!!
¿Qué se creen que soy? ¿Cursaron mi materia?
¡Esos son lo temas de Alabarces! ¡¡Me van acusar de plagio…!!
El bar está bien, pero la cursada y el aula…son importantes
¿Cómo vamos a dejar el aula o convertirla en un bar…?

Silencio total. Nos miramos entre nosotros, Cristian Vaneskeheian, Cora Arias y Eugenia Ball Lima, aquella tarde en el Afiche en M.T.A, éramos cinco desolados estudiantes prontos a recibirnos.
Nos dijimos ¿Y ahora? González terminó la coca-cola frunció el ceño y sonrió de costado y dijo:

¡Bue…no se, voy a ver que puedo hacer con este programa!
Eso de popular, no va, “político”, “pensamiento político”,
¿ustedes son de Ciencia Política, no?
¿Quién es el director? ¿Varnashi, Varnaghi? Bueno veremos, tengo poco tiempo y viajo mucho…

Finalmente en la siguiente reunión nos anotó el programa en una servilleta con una rubrica indescifrable y accedió a dar clases, pero con la condición que nosotros cursáramos también la materia y participáramos de la organización. Tomó la humilde revista “La Montaña” que publicábamos con otros compañeros de Comunicación y dijo:

¡¡Ah, La Montaña, como Lugones e Ingenieros!!

Cerró el maletín y se tomó un taxi.

Desde aquel segundo cuatrimestre de 2003 hasta hoy, con designaciones y sin designaciones, sin altas y con bajas, siempre bajo la promesa inconclusa, la materia Pensamiento Político Argentino se sigue presentando en Ciencia Política. Año tras año, siempre con un programa e invitados nuevos, con compañeros que se ponen el traje de alumno y alumnos que se asumen compañeros, vamos.  


viernes, 10 de enero de 2014


   

Teniente General Juan Domingo Perón y Juan José Castelli

Por: Juanjo Olivera

Conocido y en cierta forma, ya clásico, es aquel monologo de Leo Masliha que presentaba a finales de los años 80 en pequeños teatros de la calle Corrientes, donde una pareja que intentaba iniciar un romance ponía intersecciones de calles para concretar “La cita”. Claro está que lejos estaban aún de existir los mensajes de textos, los mails y los teléfonos celulares, y así el autor hilvanaba un montón de cruces donde los grandes nombres de la revolución se cruzaban. Ante la sugerencia de encontrarse en la esquina de Paraguay y Trotski, era negada por el otro enamorado debido a que no sabía donde se encontraban esas calles o discutían si se interceptaban o eran paralelas. Seguido a esto, el otro flechado por cupido, le sugería la opción de Mao y Sandocan, por ejemplo. De este modo, hay un largo dialogo de desencuentros, que a partir de desconocer la red vial de la ciudad que dibuja Masliha, hace imposible el inicio de la relación. Los nombres repican en los oídos del auditorio y subrayan con resaltador fluorescente que la atención presta a lo fuera de lugar, al lugar de los nombres cambiados, como aquello que Horacio González llamaría la paradoja de los “nombres cambiados” en la obra de John William Cooke, cuando en una dialéctica trágica expresa “en la Argentina los comunistas somos nosotros, los peronistas”. Finalmente la pareja de Leo Masliha no logra concertar la cita y terminan de la peor manera, lanzándose improperios y puteadas. No, como supondríamos, por la inclinación hacia alguno de los nombres que crujen y hacen ruido al estar juntos, tal como imaginamos que sucede cuando apagamos las luces y los libros comienzan a hablar y discutir entre si. El encuentro no se produce, simplemente porque la pareja no se puede encontrar. No reconocen los registros de la cuadrícula de una geografía que nos resulta irrisoria e imposible, como muchas de las calles que transitamos habitualmente en la Ciudad de Buenos Aires y que miradas a la distancia, tal vez no se diferencie tanto a la ciudad imaginada por el autor.
En los nombres de Perón y Castelli, Castelli y Perón, la sola disposición al ordenarlos presupone ya una lógica organizativa que puede ir desde la ubicación de la numeración de la traza al peso gravitacional que genera uno u otro nombre en la memoria histórica y cotidiana, que es lo mismo pero diferente, de un transeúnte. Perón, “ex Cangallo”, recuerda el memorioso que no puede recordar, ni le interesó jamás saber quién fue ese “ex”, aunque goza con la ignorancia ajena al saberse la vieja identidad de la calle.
La denominación “Teniente General Juan Domingo Perón” reviste ya una intencionalidad marcial. En lugar del nombre del líder, resalta más el intento de incorporar la figura al panteón oficial de la nomenclatura de presidentes y guerreros nacionales, que el que lo ata al imaginario popular como “el primer trabajador” que tararea en la memoria de miles de argentinos que unen ese nombre a una bandera de combate y que en algunos casos lo expone al juramento personal de llegar a la entrega total hacia una causa: “la vida por Perón”.
El reconocimiento y adscripción a la nomenclatura de la traza ciudadana requiere la desapasionada, correcta, institucional y homologada grafía de la letra del cartel azul con letras blancas. Remueve los incómodos y muchas veces resistentes al paso del tiempo, relatos pasados rubricados en tiza y carbón, los ferrites de las pintadas en las paredes y las aureolas de los apresurados aerosoles militantes, porque resultan imposibles al orden matemático de la racionalidad vial de los códigos urbanísticos y a los programas de lectura de Historia en los colegios. Si es posible hablar de la vida de los hombres en forma segmentada, el “joven Marx”, “el Gramsci de los cuadernos de la cárcel”, el “Trotski de Mexico”, el muro de la ochava nos sitúa en un Perón descarnado, homologado para los textos escolares de la Capital Federal, de las guias Filcar y los calendarios de efemérides.

Difícil es cambiar al habitual caminante de la ciudad, sabedor, porteño orgulloso, pedirle que no diga “Cangallo”, que olvide al ingles imperialista Canning para que lo suplante correctamente por los nuevos nombres del patriota Scalabrini Ortiz y Perón. En esta pelea por los nombres hay una batalla campal por el apoderamiento de trincheras de concepciones mentales y subjetividades que se han ido cimentado por el paso del tiempo y los blindajes de la hegemonía y el sentido común.
Durante los días en que salió la clase media a aporrear las cacerolas, con el apoyo de los medios de comunicación opositores y el gobierno de Mauricio Macri, era notable el gesto, el guiño, que significaba sostener empecinado como distintivo la vieja denominación. Como si porteño, partidario del PRO, defensor de los antiguos nombres, fueran la antinomia a Gobierno Nacional, partidarios del kirchnerismo y joven iconoclasta camporista dispuesto a cambiar la tranquilidad vial de un barrio.
Es que en cierta forma, la calle es una en un sentido objetivo e histórico “Tte. Gral. Juan D. Perón”,  y en otro sentido, subjetivamente y contra hegemónicamente “Perón”, a secas, y esa forma de decirlo es una divisa que enarbolada divide hombres en un combate cotidiano.
Por otro lado, más allá de las adaptaciones y reciclajes que deben hacer los Consejos Deliberantes y las Legislaturas para conseguir los consensos para realizar estos “reconocimientos” viales, el “Tte. Gral Juan D. Perón”, también ejerce una inclinación dentro del mismo peronismo, asociándolo a una forma de pensar y concebir al peronismo.

 Ese Perón de la nomenclatura vial dista mucho de ser, por ejemplo, el Perón de la izquierda del movimiento también caracterizado por Cooke como “el hecho maldito del país burgués”  que tenía la potencialidad y peligrosidad revolucionaria que le asignaba el imperio y lo equiparaba con otros movimientos insurrecciónales del tercer mundo.
El Perón de la chapa azul, es el de las legalidades y las normas de las burocracias castrenses y cuarteleras, del último peronismo que izaba  la insignia de ser el “verdadero” peronismo haciendo referencia al primer peronismo, negando el segundo peronismo, el del exilio y de la resistencia, que había invocado una posible reencarnación en un trasvasamiento generacional donde la vieja sangre del movimiento sería influida a las juventudes de los años 70 mediantes la bendición del líder.
El Perón de la foto con el caballo pinto, de la Evita enjoyada, el que compartía los desayunos con Isabel y López Rega, y el peronismo que pensaba en la necesidad de desactivar las “formaciones especiales” de la Juventud Peronista porque se habían “infiltrado” para disputar el movimiento e impedían el desarrollo pacífico del Pacto Social en el país, dialogan entre sí, se entienden perfecto, le hablan al mismo publico. Son los textos de la Comunidad Organizada, El Manual de Conducción, Los Apuntes Militares y La Razón de Mi Vida, leídos con devoción y guardados con feligresía en cajones familiares donde convivieron en el ostracismo la cotidiana defección por la necesidad del sustento y la rebeldía apaciguada del distintivo bajo la solapa. En el territorio donde no hay mucho más lugar que para la imagen de la estampa y el recuerdo de algún discurso incendiario dirigido desde el bacón de la Casa Rosada, no había ya espacio para las Cartas al Dr. Cooke.
¿Pero es posible realizar esos recortes en las vidas de las personas, en sus obras? ¿Podemos conocer el alma de un hombre en su recorte? Suponemos que no, que solo tendríamos estampas, fotografías de un momento, un icono para sintetizar y galvanizar una idea. Así, hoy sabemos por ejemplo, que el pensamiento del Che Guevara es más complejo que la idea que nos transmitía la foto de Korda en blanco y negro, por decirlo de alguna manera, había mas grises y colores que el lente no podía atrapar.
Entonces Perón es también el de esas imágenes y otras más, juntas y agrupadas, podemos, como un sinuoso rompecabezas percibir el drama y cierta totalidad de su obra.

El cruce de esos nombres, el de Perón y el de Castelli son significativos y relevantes, seguramente mucho más atractivos para el escritor de epopeyas y buscador de épicas que el paisaje real del lugar donde se haya la intersección. Urbanísticamente caótica y cosmopolita, transitan por allí todas las corrientes migratorias de este principio de siglo XXI. Se encuentran judíos y orientales fabricantes y vendedores mayoristas de ropa, con la mano de obra de trabajadores del Gran Buenos Aires, con los venidos de países limítrofes, y gente que carga con esfuerzo enormes bolsones para vender “al por menor” en los pueblos de las provincias argentinas. La cartelería y el transito son imposibles, con solo pararse un minuto en la vereda uno siente que molesta y que está ocupando un espacio que cuesta un dineral. Si para Scalabrini Ortiz, el Hombre que estaba solo y esperaba, estaba en Corrientes y Esmeralda, en Perón y Castelli, está el hombre que es explotado por las fuerzas del capital y no le queda tiempo para esperar, solo debiera irse rápido para salvar su vida. Visto el lugar desde las alturas de los edificios que rodean la esquina, es lo más parecido a ver un hormiguero o el trabajo comunitario de ciertas especies, y si bien la noche trae la calma, si no fuera por la cercanía con la vieja estación de trenes que trae una brisa distinta proveniente del oeste, la zona no estaría enganchada al resto del país. Si la estación de trenes y la noche, no estarían cerca, el lugar sería uno de los infiernos que modeló Roden en sus famosas puertas, y no sería parte del país sino una extensión de Hong-Kong, el Bronx de Nueva York o algún lugar del DF mexicano. Decirse argentino, aquí, es igual a decir marroquí, noruego o malayo. Aquí todo intento de nacionalidad es inútil y ridículo, el pasaporte suplanta al DNI y el dinero en efectivo al idioma.
Esas calles vienen y nacen en otros lados y otros tiempos. Si se cruzan en ese lugar estos personajes es por lo irrisorio, es como cuando dos personas quieren realizar un encuentro clandestino, buscan el lugar menos evidente.

¿Pueden hablar entre si Perón y Castelli? ¿Qué nos tienen para decir?
Los dos grandes oradores, seguramente quemarían miles de horas en un duelo verbal larguísimo. Castelli, “el Tribuno de la revolución” en textos de Andrés Rivera, nos repetiría con vocablos jacobinos y voluntad inflamable toda la confianza y la fuerza en la razón y el destino emancipatorio del hombre, del Ser. Castelli, uno de los pensadores y principales conspiradores del partido morenísta nos contaría los secretos de la pólvora revolucionaria, las intrigas de los poderosos y las traiciones de los débiles. El es quien fusila al héroe de la Reconquista de Buenos Aires, Liniers, y forma parte de aquellos primeros hombres de nuestra independencia americana que estaban más familiarizados con el comercio y los círculos literarios que con la vida militar que lo condujo a marchar al frente del ejército revolucionario porteño hacia la primera campaña al Alto Perú para contener el avance de las tropas del realista Goyeneche y que terminará con la derrota patria en Huaqui.
Castelli es el revolucionario. Su figura silenciada, su sombra fantasmal, opacada y limada resiste solo el olvido año tras año en cada niño que festeja la gesta del 25 de Mayo de 1810, y colgado en la nomenclatura vial nos hace un tin-tin metálico de cartel de chapa en la memoria, que nos recuerda que allí está, que no se fue.
Si Perón puede hablar el leguaje de la revolución, y se dirá que ciertamente lo ha hecho, es en el fondo el gran debate. Su idea de la revolución está estrechamente coaligada a la idea de orden, se interviene para organizar, para cambiar las cosas, pero la posibilidad del derramamiento de sangre para realizar los cambios profundos y estructurales no está en su doctrina. El costo de desangrar al país, de desarticularlo económica y socialmente es tan alto que es preferible apostar al tiempo más que a las armas.
El peronismo sería una revolución en sí. Una expresión concreta y limitada del cambio, dura lo que el peronismo dura en el poder, y puede reiterarse solo con este mismo gobernando. El jacobinismo de Castelli y los herederos de la Francia revolucionaria que se transfiere a los revolucionarios del siglo XX, sostienen que el rodar de las cabezas por el patíbulo era la forma de asegurar que no volviera el régimen depuesto. A la luz de los tiempos una y otra experiencia nos muestra que no estaban totalmente acertados ni totalmente equivocados. Los jacobinos no pudieron frenar la reacción y el paso del tiempo les señaló que aquello que creían terminado volvía, en el caso de la revolución francesa con la etapa napoleónica e Imperial, en el caso de la revolución rusa, el enemigo tan combatido, el mismo capitalismo a fines del siglo XX.
En el caso del peronismo esa no profundización y definición que le pedía Cooke que tuviese Perón, habría llevado al movimiento “potencialmente revolucionario” a convertirse en el “gigante, miope e invertebrado” y ser derrotado en el 55 por la alianza de las Fuerzas Armadas con la oligarquía terrateniente y el apoyo norteamericano. El peronismo al no definir su rumbo, corría el peligro de “terminar matándonos mutuamente”, como alertaba Cooke a principios de los 60, cosa que ocurrió a mediados de la década del 70 y ese desvarío se materializó con la peor expresión, la traición del menemismo de los 90.
Si los revolucionarios de 1810, jugaban, en palabras de David Viñas, un juego de mascaras donde simulaban ser monárquicos defensores de Fernando VII para ocultar su revolución jacobina, el peronismo triunfante de los 90, tras la mascara del peronismo revolucionario y los rasgos del caudillismo irredento se escondió el peor enemigo: la traición, latente en el movimiento nacional.
En cierta forma ambas experiencias son revolucionarias e inconclusas, pero por más lejanos que nos parezcan estos debates, individualmente, continúan integrando la cosmovisión de nuestro lenguaje político nacional y su gravitación oscila como un péndulo entre el conservadurismo, el reformismo y la revolución, interrumpidamente a lo largo de la historia argentina. No sabremos nunca los diálogos que pudieran tener estos hombres en los confines de la existencia histórica. Sabemos sí que ambos están clavados en la memoria de cada argentino y son llamados a la acción a la hora de pensar el bien y la grandeza de su país. El deseo, sería entonces, que logremos escapar al desencuentro en que caían los amantes de Leo Masliha y vencedores al fin a la invariante, encontrarnos volviendo a los lugares comunes y conocidos, en la reafirmación identitaria y emancipatoria, en la realización de nuestra Nación con un destino de libertad, justicia y soberanía popular. Como dice la marchita, donde reine el amor y la igualdad, o si se prefiere como la canción de la Asamblea de 1813 que saluda la libertad y la noble igualdad, casi lo mismo.



Once (notas para un recuadro)
¿Por qué Once?
Ese número nada dice y nadie se hace la pregunta, a nadie le importa. El nombre como lo poco de humano que existe allí lo acarrea de la terminal de ferrocarril, llamada Once de Septiembre, por el 11 de septiembre de 1852, cuando Buenos Aires se separó del resto de la Confederación Argentina.
Once es urbano, cosmopolita y marginal. Se venden las mercancías venidas de ultramar y las fabricadas en el país, con materias primas que llegan al país o se elaboran aquí. Sin embargo, personas y artículos son imposibles de reconocer como productos locales. Es el lugar por donde transcurre el comercio de bajo interés, ropa de mediana y baja calidad, basura electrónica de oriente, bijouterie y  juguetes importados. Las calles no están para ser transitadas por vehículos sino por los peatones que las invaden y los empleados de los negocios que cargan carros, y las veredas no cumplen para lo que fueron creadas, o mejor dicho, aquí fueron creadas no para que transite el peatón sino como una extensión del escaparate y el perchero del tendero.
El lenguaje de Once es universal. Porque su idioma es el dinero en efectivo, contado, monoseado, en fajos o en pilones, pero nada denota algún signo de riqueza, belleza o lujo.
La arquitectura del lugar no ha sido pensada para la vida del hombre, aunque haya gente que viva en algunos edificios, mayormente de alquiler o habitados por los hijos y parientes de los dueños judíos de los locales que dan a la calle.
La cercanía de la Estación de ferrocarril la une al cuerpo del país. Sin ese enganche, Once boyaría sin control de las autoridades y no se podría asirlo al mapa. Si no existiera el ir y venir de las personas que llegan y van en tren, que es la puerta de entrada hacia el oeste, antes el temido desierto, luego la campaña mirada con ilusión por los inmigrantes de finales de siglo XIX y principios de siglo XX, y hoy el conurbano profundo donde conviven el barrio privado con la villa miseria, Once quedaría librado al libre albedrío de los juegos del capital y el comercio. Si no existiera ese transito local por la zona, el poder de vigilancia y control estaría gobernado por los dueños de los locales y las cámaras de comercio y no por los funcionarios gubernamentales.

Si bien la noche le acerca aire al Once, también la transforma en un lugar oscuro y tenebroso. De la aglomeración de personas solo quedan algunos espectros encorvados sobre los tachos y bolsas que revuelven en busca de los despojos de cartón y tela que sobraron de los intercambios y del gran movimiento comercial que hicieron los dueños del Once durante el día. Caminar de noche por la zona es atraer la tristeza y la muerte.     

jueves, 4 de julio de 2013

Un nuevo pacto constituyente

La hora requiere relectura de textito escrito el año pasado:


Juanjo Olivera. 
Pensamiento Político Argentino. Ciencia Política UBA.

La literatura de la Ciencia Política de los años 80 europea y norteamericana se preocupó por analizar con relativo rigor, pasado por su tamiz conceptual, el proceso de dictaduras y democracias latinoamericanas de los años 60,70 y 80. 
Aquellos textos, entre otras cosas recomendaban la transformación de los regímenes democráticos presidencialistas-populistas en regímenes parlamentarios, para que en el caso de golpe de Estado sobreviviera la democracia formalmente, aunque más no fuera como una mera pantalla de utilería teatral, como es el caso actual de Paraguay y Honduras.
En ese sentido los textos de aquella época, que en definitiva son los mismos que continúan formando a los politólogos de varias universidades argentinas, también sugerían varios tipos de clasificación para los partidos políticos, gobiernos y democracias. Así colocaba, por ejemplo, los modelos de Partido Único de los países socialistas, o el caso Mexicano, dominado por el PRI, como un Partido Hegemónico. De esto han hablado incluso la semana pasada algunos medios televisivos, acusando al Jefe de Ministros, Juan Manuel Abal Medina, de “querer llevar a la Argentina al modelo hegemónico del PRI”. Aquellos textos hablaban de la poca calidad de las instituciones latinoamericanas, la fragilidad y vulnerabilidad ante la corrupción de las burocracias políticas, la imposibilidad de establecer una agenda de Políticas de Estado que cruzaran transversalmente a los partidos políticos y los consecuentes problemas de gobernabilidad que sucedían a las caídas de esos ejecutivos fuertes, temas todos preocupantes entonces y que continúan teniendo relevancia con la deferencia de tener hoy casi tres décadas de democracias ininterrumpidas en el continente y un fortalecimientos ascendente de las instituciones legales de los Estados, incluso dando nacimiento a nuevas experiencias asamblearias y constituyentes como en Bolivia y Venezuela. 
Un partido para ser considerado hegemónico debía por lo menos ganar tres elecciones consecutivas. Eso metería a la alianza peronista Frente para la Victoria – Partido Justicialista y el conglomerado Transversal dentro de la categoría de hegemónicos. Puestos en ese orden de importancia y juntos, son la expresión que dominó la escena política de estos últimos diez años. El FPV, es la lúcida invención política que Néstor Kirchner creó para contrabalancear el poder de los dinosaurios del pejotismo que vetusto y con mala actuación en la historia reciente del país aún guarda las reliquias simbólicas del peronismo histórico, y a todo esto el kirchnerismo logró sumar nuevas adhesiones que se han ido agregando a este armado a través de los años de gestión. Un entramado que lejos de ser un partido político de definición clásica, que presenta por momentos formas parecidas a los movimientos populares latinoamericanos, y en otros, pareciera un mero conglomerado electoral. Lo cierto es que la persistencia y la continuidad de ese espacio podría dar nacimiento a un nuevo partido político que mantenga en el tiempo la mística de un líder, como la figura de Néstor, una conducción como la que lleva adelante Cristina y la experiencia de tres gobiernos seguidos de éxitos constantes y ascendentes que han sido la escuela de nuevos dirigentes. 
La consolidación de una expresión partidaria propia del kirchnerismo es algo temido pero que avanza inexorablemente frente a una oposición que no objeta ya solo las políticas públicas sino la razón de aquellas, por un lado y por otro, a la evidente incapacidad de renovación que muestra el mismo Partido Justicialista y las burocracias sindicales siempre prestas a reclamar un pedazo de una herencia de poder político que alguna vez Perón testara pero que a la luz de la experiencia, es un capital que hace mucho lo han mal gastado . 
Argentina, como otros países de Latinoamérica, ha entrado en una etapa marcada temporalmente por democracias con ejecutivos fuertes que promueven el desarrollo económico pero sin dejar de lado los problemas de inclusión social y el trabajo, el atraso educativo, problemas de hambre, salud, desempleo, habitacionales, derechos de minorías y ecológicos. Estos ejecutivos en muchos casos toman los reclamos y los temas de la sociedad civil más activa y militante del lo que a grandes rasgos se llama el progresismo, y los colocan en la agenda gubernamental creando una situación, donde los mismo gobiernos, se encuentra a la vanguardia de los cambios sociales de sus países. 
A diferencia de la experiencia mexicana, en la etapa actual los ejecutivos ganan elecciones reiteradas en elecciones limpias, con un altísimo grado de libertad de expresión y libertades civiles. Esto cabe aclararlo en cuanto al caso del PRI de los 80 y 90, muchas veces acusado de fraude electoral, represión a los canales de expresión opositora y llegando al asesinato político. Hoy en día, además, los sistemas electorales y los colectivos o sectores que integran las alianzas ganadoras resultan “inclusivos” y no “restrictivos” de derechos. Los movimientos sociales de la sociedad civil, nuevas expresiones sociales y políticas que afloran en la nueva etapa, son efectivamente los defensores y sostén de los ejecutivos. La repetición de períodos gubernamentales de mismo signo y de los mismos líderes, es un reclamo de los sectores que vienen siendo beneficiados por las transformaciones sociales y civiles que se están realizando y que por décadas habían estados apartados de la vista o el interés de los gobernantes. 
Las mayorías populares latinoamericanas votan presidentes fuertes porque es la forma donde colectivamente se expresa la voluntad general de la posibilidad real de cambio, desconfían de los parlamentos porque los consideran cooptables y genuflexos a los intereses políticos y económicos. 
La imposibilidad que tienen los electores, dicho en criollo, los pueblos del continente, de visualizar la continuidad de “políticas de Estado” en gobiernos de signo opositor está marcadas por la fuerza de la experiencia histórica y por el tipo de oposición política que se han manifestado a los ejecutivos. La oposición a la que se han enfrentado Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia o nuestra presidenta no son oposiciones a la forma o al modo de hacer las cosas , como muchas veces los quiere presentar los multimedios informáticos puestos en correlación con la oposición política. Es una oposición de tipo estructural y antisistema, donde los sectores transnacionalizados provenientes de las ganancias millonarias del petróleo venezolano cuestionan mucho más que las audiciones de Aló presidente del comandantes Chávez o la disposición del caballo en el escudo nacional, la marca de las carteras que usa la presidenta o el tono indígena con que hace sus discursos Evo Morales. Como bien señalara Carta Abierta durante el “conflicto con el campo” aquella oposición era “destituyente”, no porque podía necesariamente tener la fuerza para dar un golpe de Estado o de Mercado y sacar de alguna manera a la presidenta del poder, sino porque las prerrogativas del sector oligárquico y la burguesía sojera ponía en cuestionamiento la misma razón de ser de la democracia, que es la de elegir un presidente para que gobierne a las mayorías proponiendo un programa de acción política que no es el de una corporación en particular. Al mismo tiempo, se creían con derecho a limitar ese derecho constitucional porque veían peligrar sus exorbitantes ganancias y sus monolitos simbólicos e ideológicos, producto de una política cambiaria favorable establecida desde el Estado en el corto gobierno de Duhalde y de creer aquellos “valores” egoísmo neoliberal inculcados a sangre y fuego en los tiempos de la dictadura del 76 y reactualizados en el menemismo, podían aún estar vigentes.
La necesidad de un nuevo pacto constitutivo es la Hora de los Pueblos de Latinoamérica. Cada país que viene de este nuevo proceso de democracias participativas e inclusivas, necesita establecer nuevas instituciones legales y programáticas que consoliden y relancen sin límite la voluntad general de sus pueblos. Estas nuevas Constituciones de la región debería también presentar también una cantidad de rasgos comunes producto de una historiaría similar o emparentada. Una Reforma Constitucional que no tema a la tradición propia, de ejecutivos fuertes y otorgue la posibilidad de obtener varios mandatos presidenciales consecutivos que construyan reales y solidas “políticas de Estado” ante la existencia de oposiciones estructurales como las que existen hoy en la región, que no limite las adhesiones populares ni proscriba a las mayorías y ensanche su base representativa, que establezca, proteja y promueva la importancia de los roles de las nuevas minorías, de los nuevos derechos, de las conquistas sociales y civiles, que fije un destino y una orientación de la Nación en el nuevo escenario Continental e internacional, que piense en las mayorías, en la inclusión de los pueblos originarios en el bienestar concreto de la sociedad actual, en la fijación de pautas para la propiedad de la tierra y un serio debate sobre la Reforma Agraria en la Argentina, el tipo de industria que va a desarrollar el país de cara al mundo y a un nuevo siglo, los desafíos educativos, tecnológicos, reforzar la conciencia de tener una salud y educación pública y gratuita, la protección de las fuentes de energía y garantizar el acceso y el disfrute de sus beneficios a los más relegados, regular el trabajo . En síntesis, una Reforma Constitucional para reeditar todo lo positivo que contiene nuestra Constitución Nacional y redefinirla sumándole una cantidad de grandes logros que ha realizado el devenir histórico nacional y la experiencia popular en la Argentina reciente.